Viaje «arquitectura» 2000
Datos de publicación (revista completa):
Publicación: Revista Albores Caipell
Año de publicación: 2024
Número | volumen: 5 | 1
Link de visualización: https://www.calameo.com/read/006684502fe159c83f2fe
Cita: Haro, E. (2024). Viaje «arquitectura» 2000. Revista Albores Caipell, 5(1), 46-48. https://www.calameo.com/books/006684502fe159c83f2fe
Esther Haro Giacominich
La voz juvenil sonaba adormilada y preguntó:
—¿Ya llegamos?
Era un grupo de viaje de “Arquitectura” generación 2000.
Estaban ya en Francia, próximos a visitar un castillo de la campiña, muy conocido por su recargada estructura gótica y algún otro comentario que la gente del pueblo les había hecho llegar. Esto último poco les interesaba, ellos querían ver uno de los ejemplos más importantes de la Edad Media y nada los iba a hacer cambiar de idea.
Lo extraño era que cuando dijeron de ir al lugar, en la tardecita, próximo a la caída del sol, nadie quiso llevarlos, ni pagando.
Entonces, como les pareció una distancia menor, decidieron ir a pie hasta el lugar. Pero una cosa era ver la distancia y otra recorrerla.
Les faltaba poco para llegar y estaban exhaustos, habían recorrido como unas veinte cuadras. Y la noche ya había caído, con una luna llena que iluminaba su camino. Menos mal porque era lo único que les permitía ver por donde iban.
Volvieron a pensar que hubiera sido mejor esperar a la mañana, pero a lo hecho pecho.
Por fin encontraron un cartel, que indicaba el ingreso al predio del castillo y decía: NO INGRESAR LUEGO DE LA CAÍDA DEL SOL.
Algunos rieron, otros pensaron que era una descortesía para con los turistas y otros se pusieron nerviosos.
De forma inexplicable, la luna fue tapada por una espesa niebla, que empezó a caer lentamente sobre el camino, que se abría frente a ellos. Algunos sintieron un leve frío que les recorrió la espalda y una sensación de soledad y desamparo.
Encontraron luego un segundo cartel, que indicaba: TÚ HAS ELEGIDO.
La mayoría pensó que era ridículo, que se pensaban estos franceses, así corrían a los turistas.
¿Volver o seguir?, ¡qué dilema!
Volver imposible, la niebla los envolvía y estaba oscuro, como para encontrar el regreso.
La presencia del cartel les indicaba que estarían cerca del castillo, era mejor seguir.
De pronto, la niebla desapareció y comenzó una tremenda tormenta de truenos y relámpagos. El cielo parecía abrirse con cada fogonazo.
Las luces les permitieron ver que estaban transitando por la calle principal de un pequeño cementerio. Varias lápidas y cruces se erguían a un lado y otro del mismo. ¡Qué horrible! Pensaron varios.
Otros se decían que ya era demasiado, pero era extraño como se estaban dando los hechos, no era natural. Sintieron nuevamente un frío intenso, frío de miedo.
Salieron corriendo del lugar, por ese camino que los conducía hacia delante, hacia el castillo.
En su loca carrera tropezaron con algo, ¿eran rocas? El que lo identificó, gritó fuerte y agudo. Varios huesos humanos estaban dispersos.
Corrieron y corrieron, hasta que les faltó el aire.
Entonces, encontraron una pequeña cabaña, que supusieron sería del cuidador del castillo. Había luz en la misma.
Hablaron entre todos para decidir que hacer. Pensaron que, de tener permiso, pasarían allí la noche, estaban exhaustos, hambrientos, atemorizados algunos y sin explicación lógica de lo que estaba pasando.
Golpearon fuerte una sola vez. Tardó en abrirse la puerta, la que hizo un ruido raro, como que le faltaba aceite.
Salió al umbral, un anciano alto, de cara lúgubre y pálida, vestido de negro, con un candelabro y velas en la mano. Como si ya los esperara, les dijo que pasaran.
Estaban como hipnotizados, cumplían sus indicaciones mansamente y sin quejarse.
Se acomodaron en camas que ya estaban preparadas para ellos. Había alimentos y jugos. Y quedaron profundamente dormidos.
Al día siguiente unos fuertes golpes en la puerta los despertó.
Era el cuidador del castillo, un señor de estatura baja, gordito y rozagante, que no entendía como podían estar estos jóvenes en el predio del mismo, si estaba cerrado y recién se abriría para la temporada de visitas, al mes siguiente.

Acerca de la autora
Esther Haro Giacominich (Montevideo, Uruguay). Se graduó en su adultez, como Licenciada en Relaciones Laborales, en la Facultad de Derecho de la Universidad de la República. Desde la niñez tuvo interés en leer mucho y comenzar a escribir. Cada etapa de su vida le ha servido como inspiración, para expresar en letras, percepciones, sentimientos, vivencias, etc.; tanto en narrativa como en poesía. Sus “aportes literarios”, como ella los llama, oportunamente, han sido presentados en distintas convocatorias de su país. Además, desde el año 2021, como jubilada de su carrera laboral en la Función Pública, le dio un nuevo impulso a la publicación digital de sus creaciones, en antologías, diarios, fanzines y revistas internacionales.




