Una experiencia única

Datos de publicación (revista completa):

Publicación: Revista Albores Caipell

Año de publicación: 2024

Número | volumen: 5 | 1

Link de visualización: https://www.calameo.com/read/006684502fe159c83f2fe

Cita: Chinchay, Y. (2024). Una experiencia única. Revista Albores Caipell, 5(1), 79-84. https://www.calameo.com/books/006684502fe159c83f2fe

Yosimar Chinchay

Si ellos pudieran hablar…

Era un día como cualquier otro y siete amigos acordaron para ir al río del puerto de Putuyakat. Al llegar las tres de la tarde, se reunieron en casa de Aarón. Ese fue el punto de partida. La caravana de dos mototaxis estaba conformada de la siguiente manera: el primer mototaxi por Yosimar, Fiorela, Aarón y Erica, y el segundo, por Carmen, Kevin y Kelly.

Al llegar al río, Yosimar que por primera vez iba a ese lugar quedó sorprendido y le dijo a Carmen:

—Esta vez sí valió la pena hacerte caso, Camucha.

Fiorela agrega:

—La otra vez nos hiciste caminar media hora por las puras.

Todos entraron al río felices. Comenzaron a nadar pero mientras todos estaban distraídos jugando, Erica vio un gran tronco caído en forma de serpiente. Ella quiso ir hacia allá para trepar en él, pero se olvidó ¡que no sabía nadar! Casi se ahoga, pero Yosimar y Aarón rápidamente se fueron a rescatarla. Pero antes que llegaran, el árbol se comenzó a sumergir y de repente salió una gran serpiente, la cual salvó a Erica y la sacó del agua. Todos quedaron impactados por lo que había pasado. Después de dos minutos reaccionaron. Y la serpiente, tan rápido como apareció, se fue, no sin antes dejar un anillo con forma de serpiente y piel de ella.

Y, después, fueron a ver a Erica que estaba inconsciente y ellos, con tan mala experiencia en estas cosas, más el susto, comenzaron a hacer lo poco que habían visto en películas. De pronto, Erica comenzó a reaccionar, aunque todavía estaba pálida.

Luego de veinte minutos, asimilando todo lo que les había pasado y esperando que Erica se recuperara, todos comenzaron a correr hacia las motos con miedo de que esa serpiente gigante se les volviera a aparecer. Yosimar y Aarón estaban últimos en la fila. Gracias a eso lograron percatarse que la corriente trajo a la orilla el anillo. Yosimar rápidamente lo recogió y todos se fueron con shock.

Se quedaron en casa de Aarón para conversar sobre eso y le preguntaron a Erica, pero ella dijo que solo recordaba que estaba yendo al árbol caído y de repente la arena se hundió y se sumergió junto a ella. Dijo que dentro del agua logró ver la cabeza de una serpiente gigante acercarse a ella, sus ojos irradiaban una luz azul y tenía un símbolo en la frente, el cual ella dibujó.

Luego de eso, ella no recordó nada más. Todos estaban confundidos y ya era hora de regresar a sus casas. Esa noche a todos se les apareció la gigantesca serpiente, pero en sus sueños, en los cuales les hablaba. Aquella noche no pudieron dormir.

Al día siguiente se contaron, entre ellos, el mismo sueño, todos menos Erica. Ella dijo que en su sueño la serpiente la llevaba por un túnel subterráneo, el cual conduce al lugar donde estaban todos los guardianes del Amazonas. De pronto, ella se despertó. Todos hablaban después de esto, menos Yosimar que al escuchar esto se puso pálido, ya que en el interior del anillo había una escritura en Awajún. Así que pidió ayuda a un amigo, el cual había traducido a:

«Yacuma, madre de las serpientes».

Todos quedaron mirándolo y preguntaron qué le pasaba. Él reaccionó y les contó todo y les enseñó el anillo. Llegó la hora del recreo y Kelly dijo: «Y si preguntamos a un profesor experto en mitos y leyendas».

Pero, Carmen y Fiorela dijeron que no, hasta no saber bien que era eso. Dijeron que ninguno que estuvo ahí contaría nada a otras personas. Alguno de ellos ya tenía conocimiento sobre quién era la Yacumama, ya que para ellos solo era una leyenda hasta antes de lo sucedido, el día anterior. Entonces Fiorela dijo que recordaba que una vez leyó en un libro donde señalaban que la mayoría de estos seres mitológicos salen cuando realmente su hábitat, o lo que protegen, está en peligro.

Luego, todos con más miedo salieron a sus casas. Erica, Yosimar, Aarón y Fiorela fueron a pasear en moto como dirigiéndose a casa de Yudy. Siendo las 06:00 p.m., ya llegando a la alcantarilla, el anillo que la Yacumama había dejado, el cual llevaba Yosimar en su mano, empezó a brillar. Erica se asustó, ya que recordó que así brillaban los ojos de la serpiente gigante. Se detuvieron a mirar desde el puente, ya había oscurecido y vieron levantarse a la gran serpiente con sus ojos azules centellantes como la luz de un carro. Tanto fue el susto que Fiorela se desmayó. Rápidamente todos la subieron a la moto, pero esta no quiso prender. Lo más sorprendente para ellos fue que la serpiente les dijo:

—Abwai tsawan yainmi yumi.

—Yo no sé awajún —dijo Aarón como siempre sin importarle.

—Ah…, yo no sabía —respondió sorprendida.

Atónito por lo que estaba pasando, Yosimar pensó que era otro sueño y perdió el miedo y fue a la serpiente y le dijo:

—Tú eres la yacumama.

—Sí soy yo, pero este no es el lugar apropiado.

Irradió una luz como la de sus ojos y se convirtió en un gatito blanco, pero sin perder el símbolo de su frente de color azul.

Subieron a la moto y se fueron a la casa de Yudi. Al gato yacumama no lo creían. Sin embargo, yacumama les contó que había protegido a la selva durante siglos hasta que comenzaron a aparecer las máquinas que deforestan, las cuales comenzaron a contaminar las aguas. Su misión se había vuelto más difícil, no solo por las máquinas; sino también, las personas comenzaron a cazar más de lo debido. Los animales empezaron a desaparecer o se internaron en lo más profundo de la selva.

Ella les pidió ayuda, ya que ellos eran seres humanos, viendo que ella solo llamaría demasiado la atención. Los amigos lo pensaron y decidieron ayudarla. La yacumama les dijo que hacía mucho tiempo el espíritu maligno del Yacuruna lanzó una maldición al ser destruido. La única manera de disolver esa maldición tan poderosa era encontrar la flor volcánica y echarla al río.

Todo esto estaba pasando muy rápido, querían ayudar para preservar el orden en la naturaleza del Amazonas…

Comenzaron a alistar las cosas necesarias. Tenían que apurarse, así que contrataron una camioneta; pero en eso, llega Yudi y Carmen le dijo: «Te vas con nosotros, ¡mono cutulo!»

Y en eso la Yacumama convirtió a Yudi en un mono sin cola. Todos comenzaron a reír, pero ella muy molesta gritó:

—Ya regrésame a la normalidad, ¡yaaa!

Entre carcajadas, Yosimar y Fiorela le preguntaron qué más podía hacer, a lo que la reptil les respondió:

—Soy una cajita de sorpresas.

La yacumama se convirtió en un perro, llegó el carro y comenzó su viaje.

Viajaron una hora hasta llegar a Japaime. Fiorela, Yudi, Kelly y Aarón fueron adelante (en cabina), mientras que, Yosimar, Carmen, Kevin y Erica fueron atrás con “yacu” —así le puso Aarón a la yacumama—. Ella se transformaba en cualquier animal que ellos le pidieran, aunque solo en las partes despobladas, para que el viaje no se aburrido.

Llegaron a Japaime. Al estar ahí se dieron cuenta que había una montaña no muy lejana que parecía ser el volcán que buscaban. Sin perder tiempo preguntaron cuál era la ruta más cercana para llegar al lugar, pero nadie les daba respuesta. Los pobladores no tenían idea de lo que ellos estaban hablando. Se dieron casi por vencidos hasta que Erica vio una tienda que tenía el mismo símbolo que “yacu” en su cabeza y le dijo a sus amigos. Así que, fueron a ver. Era una tienda de estatuas de cerámica o barro, los cuales son bien parecidos a los seres de la mitología amazónica.

El dueño y vendedor al ver a “yacu” corrió a abrazarla.

—¿Me reconoces aun así transformada?

Un rotundo silencio se apodero del lugar por unos segundos.

—¡Te extrañe mucho! Pensé que no ibas a volver.

—Yo te prometí que volvería— respondió.

Kelly muy asustada dijo:

—Por un momento pensé que usted era un espíritu maligno que nos perseguiría por todo nuestro viaje

—No, Yacumama y yo nos conocemos desde hace mucho tiempo, cuando sucedió el Baguazo. Por ese tiempo se dio la guerra del Yacuruna contra los espíritus protectores. Yo me interné en lo más profundo de la selva en busca de una planta medicinal muy rara. Al llegar me encontré con toda una guerra. Muchos guardianes de la Amazonía se encontraban peleando contra un solo ser del cual salía una sombra negra muy tenebrosa. Me escondí bajo un tronco. Al cabo de una hora la batalla terminó. Pero antes de que destruyeran por completo al Yacuruna, este lanzó una maldición que abarcaría toda la Amazonía —la cual antes había mencionado Yacu—, a su vez que heriría gravemente a Yacumama. Todos los espíritus protectores estaban acercándose para ayudar a su amiga, en eso salí yo y todos se esfumaron. Yacumama sin fuerzas se quiso mover, pero no pudo. Le dije: «No te preocupes, todo estará bien. Yo no te hare daño.» Para mi sorpresa, ella me respondió: «Necesito la planta con olor a menta y aspecto de rosa roja». Increíble y coincidentemente esa era la planta que yo estaba buscando. Al mirar hacia atrás vi que al costado del troncó, en el que había estado escondido, estaba la flor. Fui rápidamente y la corte para dársela a mi nueva, y a la vez, rara amiga. Regresé y se la di en un segundo. Ella se recuperó, aunque no del todo. Así que la cuide hasta que se recuperará. Transcurrió un año, pasamos muchas aventuras juntos, hasta que llegó el momento de que se vaya ella. Me prometió que volvería. Pasaron los años y nunca llegó. ¡Bueno! hasta ahora que ya estás aquí.

Se habían hecho de noche y el señor les ofreció que se quedaran en su casa pues tenía una casa muy grande y amplia. Pasaron la noche ahí. Al día siguiente muy temprano, se alistaron para partir hacia el volcán. Antes de que partieran, el señor salió y les entregó collares con formas de diferentes animales (oso, águila, jaguar, tigre, cocodrilo, león, guacamayo y búho).

El señor que hasta ese momento no les había dicho su nombre murmuró:

—Por cierto, me llamo Chevo.

—Muchas gracias, señor Chevo— dijeron en coro.

Se fueron rumbo al bosque. Yacu, transformada aun en perro, aumentó su tamaño. Fue adelante, para encontrar un camino más corto. La reptil se transformó en un halcón. Y los ocho amigos continuaron por el sendero. Al cabo de media hora, de repente, salió de entre los arbustos el señor Chevo, pero estaba con botas y les vociferó: «Vamos. Yacu me envió a guiarlos. Ella vigila desde el aire».

Llevaban caminando exactamente una hora y de repente el camino desapareció. Carmen se dio cuenta que el señor Chevo cojeaba. Sin embargo, lo más sorprendente era que uno de sus pies quedaba en el aire. Entonces Aaron grito: «¡Chullachaqui!».

Todos comenzaron a correr y trepar a los árboles más cercanos, unos más que otros con más dificultad; pero igual subieron. El Chullachaqui se transformó a su forma original y comenzó a buscarlos, aunque ya sabía dónde estaban. Así que, con un movimiento de su mano, comenzó a mover todos los árboles. Fiorela que no pudo sostenerse bien cayó, pero, antes de llegar al suelo, mágicamente se convirtió en un guacamayo. Voló para sorpresa de los demás y de ella misma. Así que los demás pensaron en los animales que tenían en sus collares y se transformaron. Erica en un oso, Kevin en jaguar, Kelly en cocodrilo, Yosimar en tigre, Yudi en un águila, Carmen en león y Aarón en búho.

Pronto, todos estaban delante del Chullachaqui. Estaba por comenzar una pelea épica. Cuando de pronto, bajó de los cielos Yacu. Se puso en medio de todos, miró fija-mente al Chullachaqui. ÉL se arrodillo ante ella y le preguntó con la cabeza agachada y sin levantarse si los conocía.

—Levántate, vienen conmigo— dijo Yacu.

—Yo solo estaba haciendo mi trabajo. Pensé que eran científicos y que venían a hacer experimentos en nuestra Selva. Disculpa madre Yacumama.

El Chullachaqui desapareció entre la maleza. Ellos le preguntaron por qué se habían transformado en animales. Y ella respondió que seguro son los espíritus de los animales protectores.

—Bueno, ya vamos que no falta nada. Desde el aire vi que estaba muy cerca —sostuvo Yacumama.

Subieron una gran colina y llegaron, pero se dieron con una gran sorpresa: ¡no había lava! Mas bien, había agua caliente y en medio estaba la flor. Enseguida todos entraron. El agua era muy relajante y estuvieron una hora ahí. Luego, cortaron la flor y regresaron. Al llegar al pueblo se despidieron de don Chevo. Esperaron una camioneta, la pararon y se fueron.

Llegaron a Parcelación sin perder tiempo. Carmen le pidió que le preste la moto a don Manolo y se fueron al puerto. Ya era las 7:00 p.m., había anochecido. Al principio tuvieron miedo, pero se acordaron que iban con Yacu y nada les pasaría. Así que, empezaron a caminar hasta llegar al río. Ya en este, chancaron la flor en una piedra y la arrojaron a las aguas. En ese momento, el río resplandeció con una luz de color azul claro. Yacumama se metió al agua y les agradeció por todo lo que hicieron para ayudarla. Les prometió que ella siempre los cuidaría y se fue.

Los amigos se miraron unos a otros, se transformaron en los animales que se habían transformando antes y se fueron.


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