Sombras en la noche
Datos de publicación (revista completa):
Publicación: Revista Albores Caipell
Año de publicación: 2024
Número | volumen: 5 | 1
Link de visualización: https://www.calameo.com/read/006684502fe159c83f2fe
Cita: Enríquez, G. (2024). Sombras en la noche. Revista Albores Caipell, 5(1), 54-55. https://www.calameo.com/books/006684502fe159c83f2fe
Graciela Enríquez
En la oscuridad de la noche las sombras asaltan mi mente, al apagar la luz de la habitación todo se retuerce, se desdibuja y se esfuma en la nada. Y surge una fragilidad en mí, casi invisible, al aparecer esos fantasmas nocturnos.
Solo van fluyendo infinitas y frías sombras sin sentido, que me hacen temblar y, el temor me invade dejándome paralizado, sin poder mover mi propia materia.
Los miembros superiores e inferiores intentan levantar los dedos de las manos y de los pies, pero todo me resulta inútil porque me quedé totalmente inmóvil.
Solo mis ojos se abren y cierran, dejando así, grabadas en mi cabeza el recuerdo de esta eterna negrura tan azabache, tan renegrida que logra transformar mi cuarto en una zona oscura, prolongándose en sombras profundas en cada objeto que tengo en ella. Y en un abrir y cerrar los ojos, esa misma oscuridad me abraza y todo parece haber concluido con mi propio existir.
Cuando abro los ojos me doy cuenta de que me quedé dormido bajo una extrema tensión nerviosa de terror espeluznante.
Fue allí que me di cuenta de que tímidamente por la ventana iba entrando una tenue luz muy frágil y débil; aún en ese instante que me siento entre dormido, no sé de dónde se refleja. Esto me hace ver más seguro y me lleno de valor y dejó de cerrar los ojos. Me atrevo y experimentando una dulce paz y armonía al verla ¡A ella! mirándome por ese ventanal.
La luna que se cuelga en un cielo inmenso y azul, meneándose de un lado al otro brillando y corriendo a mis miedos nocheros.
Entonces muy pero muy levemente mis dedos, mis manos, mis pies hasta lograr mover los brazos y las piernas por completo. Me doy vuelta y observo que la habitación, aunque oscura, la luz que se filtra desde el exterior, pelea por mí; con aquella oscuridad y sus maquiavélicas sombras. Entonces entre sueños y deseos, miedos y esperanzas, creo volverme a dormir.
El susto quedó para siempre impregnado en mi ser, hasta en mi estado onírico luchaba preso de una sombra que me intimidaba y perseguía, solo para mostrarme que su soledad era tan inmensamente eterna como la luna. Al rayar el sol por aquella misma ventana, el día irrumpió atrevido por ella despejando toda oscuridad fantasmal, todo vestigio de sombra que aún podía quedar. Entonces escuché la voz de mi mamá llamándome a desayunar se hacía tarde para ir al colegio. Pegue un gran saltó de mi cama, despreocupado, alegre, genuino. Y…, al abrir la puerta de mi habitación las sombras pululaban por doquier por todos los rincones de la casa, la puerta se cerró tras de mí y me fundí con ellas.
Había entrado en una dimensión desconocida presa de una noche sin fin. Todo lo frágil del mundo en que vivía, aquí en este ambiguo lugar se convirtió en algo enigmático y eterno que ensombrece el tiempo que discurre con máxima inmediatez. Extemporáneamente todo se detiene y todo comienza una vez más.




