Datos de publicación (revista completa):

    Publicación: Revista Albores Caipell

    Año de publicación: 2024

    Número | volumen: 5 | 1

    Link de visualización: https://www.calameo.com/read/006684502fe159c83f2fe

    Cita: Arriagada, I. (2024). Por la noche. Revista Albores Caipell, 5(1), 72-73. https://www.calameo.com/books/006684502fe159c83f2fe

    Isidora Arriagada

    Empecé a sentir que no era capaz de encontrar una razón para seguir viviendo. Noté que me empezaba a asfixiar, esto no es nada nuevo en mi persona, ciertamente debo de reconocer que los seres humanos miran con profundo resquemor estos temas que para mí son el pan de cada día. Sí, me he planteado el desaparecer, abandonar el plano terrenal para desvanecerme, así como la arena escapando entre los dedos, entre los míos, día tras día, noche tras noche se ha repetido el mismo pensamiento, mi vida se va yendo y yo solo espero que lo haga hasta dejarme con la nada en compañía, la nada y el vacío, aquel que se encuentra ya conmigo, aquel al que ya no puedo alejar, aquel al que nadie ha podido alejar, todos se han rendido y ya, de por sí actualmente deciden rendirse, cuando no hay frutos las personas se rinden, me di cuenta de que estas personas ocultan su paciencia hasta el punto de hacerla desaparecer.

    Lo podía creer, claro que podía si la vida no era más que una molestia para mi persona, la odiaba actualmente, quería alejarme de ella, ¿pero qué me asegura que no se irá junto conmigo?, ambos nos iríamos de seguro en el inútil juego de busca y encuentra, sin encontrar, sin llegar a ningún resultado como tal, no había, no existía, ¿y si nunca existió y no fue más que una invención de mi ser en los días que los ánimos estaban por los cielos?, no quería concluir nada, realmente habría preferido dejar todo y no caer en nada, pero ahí estuvo mi error, concluí entonces y odié hacerlo, concluí que solamente estaba destinada a deshacerme y extender mi inexistencia para siempre, sí, me asfixiaba, el aire no llegaba hasta mis pulmones, no existía un intercambio, simplemente se había desvanecido y me quedaba esperar ahora que yo misma me desvaneciera, era momento, el tiempo pasaba rápidamente, tanto que aún no lo podía procesar y la conclusión caía fuertemente sin tacto hacia nada ni nadie, esta conclusión lo único que hacía era profundizar hasta volverse invariable.

    Entonces, como mi existencia no era más que una profunda tristeza que no tengo aún idea de dónde salió, se expandía en mi interior con lentitud, pasaba por los brazos y piernas, volviéndolas quizá inutilizables, ya no servían, me había sumido en la nada, nos habíamos sumido, digo «nos», porque mi pareja me ha acompañado en este camino hacia abajo, yo la había arrastrado sin poder evitarlo y las heridas se volvían aún más notorias, desgarraba mi piel marcando caminos carmines que descendían por las piernas y subían por los brazos goteando desde ellos hacia el suelo, ahí me desangraba, abandonaba todo el rastro de humanidad que me componía, ahora me descomponía y buscaba la desaparición, la inexistencia pura.


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