Maternidad

Datos de publicación (revista completa):

Publicación: Revista Albores Caipell

Año de publicación: 2022

Número | volumen: 4 | 1

Link de visualización: https://www.calameo.com/read/0066845021e90245b8136

Cita: Alarco, A. (2022). Maternidad. Revista Albores Caipell, 4(1), 9-11. https://www.calameo.com/books/0066845021e90245b8136

Álvaro Alarco

Lima, Perú

Deambulas por aquella calle que alguna vez les perteneció. Caminas sin un rumbo fijo, sin un norte, sin una dirección. Él —te pones a pensar ahora— era tu máxima meta y logro obtenido. Desde aquel 15 de noviembre, fecha en la cual se originó aquel vínculo que creíste inquebrantable.

Tu caminar es lento y desganado, Marina. Observas los árboles, personas paseando a sus mascotas y especialmente, la zona de juegos infantiles del Parque Colmenares.

La rabia te invade al ver las resbaladeras, los columpios, la parte superior de aquel castillo otorgado a los infantes de Pueblo Libre. En estos momentos se encuentra desolada. El chirriar agudo de los columpios reafirma aquel abandono de la zona central del parque, pero sabes bien que en unas horas será un hervidero de niños.

Recuerdas aquella mañana funesta, donde en cuestión de segundos te arrebataron lo más preciado que tenías: tu hijo.

Aun lo ves jugando solo como él disfrutaba. Subiendo lentamente las gradas del castillo, llevando en sus manos su pelota amarilla, el lanzarlo por la resbaladera y él deslizándose tras de este con su efusiva sonrisa. Pero no esperabas que en su descenso la pelota rodase más de la cuenta, no notaste aquel otro niño que la pateó por instinto y la hizo llegar hasta la pista, no percibiste cuando Iván, tu pequeño, fue atropellado.

Te acercas a aquella resbaladera donde él era feliz, tu mente lo proyecta con su enterizo de vaquero que era su favorito y te saluda con su pequeña manito. Tu llanto es incontenible.

 II

Comprendo tu nerviosismo, entiendo tus miedos, inseguridades y dudas respecto a la llegada de tu bebé, Marina. El hecho de afrontar el parto sola acrecienta más todos tus pensamientos. Estás esperando en el pasadizo, la obstetra te comentó que luego de atender a la adolescente que te precede, tú serías la siguiente. 

Oyes los gemidos intensos, los gritos de dolor que traspasan las puertas de la sala de parto. Empiezas a temblar, te agitas, pero te dices a ti misma que podrás hacerlo. Que Alonso es un miserable, que jamás permitirás que se acerque a tu hijo, que tú sí afrontarás la maternidad y no huirás como ese cobarde. De pronto un llanto de un recién nacido llega a tus oídos e interrumpe esas ideas. Se abren las puertas y se llevan a la madre primeriza a otra sala para que pueda estar con su bebé. De pronto dos enfermeras empujan tu camilla hacia la sala donde Iván tendrá que luchar para ser parte de este mundo. Ingresas a la sala, el momento ha llegado.

III

Luego de ver el resultado se miraron fijamente, en el mirar de ella se percibía el temor a lo desconocido, al hecho de que en unos meses su cuerpo formaría un nuevo ser, fruto del amor, producto del Día de San Valentín, consecuencia de la arrechura mutua. En cambio, en él se observaba el desconcierto y a la vez la rabia. Por inercia se dirigió a la puerta de salida del consultorio, ella fue tras de él. Alonso se le había adelantado casi una cuadra, paró en seco y al voltear y tenerla al frente dio su última estocada.

—Bájatelo porque no pienso tener un hijo, Marina. No tenemos ni mierda y no tengo cabeza para nada en estos momentos. Ahora quiero estar solo, hablamos más tarde.

Esa fue la última vez que lo vio. En la soledad de su cuarto Marina acaricia su vientre y entabla un nexo con ese futuro ser. En un arrullo le mencionó.

—Mi bebito escúchame, si eres mujercita te llamarás Paula, pero si eres hombrecito te llamarás Iván, ¿de acuerdo?

IV

UN DÍA ANTES DEL ACCIDENTE

Hoy, a lo lejos y camuflado tras un árbol, viste como jugaba tu hijo. Una parte de ti deseaba acercarse, pero el ver a Marina, el recordar aquella tarde donde decidiste abandonarla reprimió que lo hicieras. Ahora estás ebrio, perdiste la cuenta de las Pilsen que consumiste en tu predilecta mesa de aquel bar del Jr. Washington. Sales a la calle y te enrumbas hacia Zepita. Necesitas sexo, te urge el deseo de estar con una mujer y la prostitución siempre fue una gran aliada en esos momentos. Te detienes en una esquina y por unos momentos observas el caminar de la mercancía. Ves a una rubia con short, ella es la elegida. Cotizan el servicio y llegan a un hotel deplorable. Lo primero que hace la mujer es cobrarte, le pagas y empiezas a desnudarte, ella hace lo mismo. Comienzas a retozar sobre ella, contemplas los tatuajes que lleva en el cuerpo y los besas. De pronto percibes uno que lleva cerca al vientre y encuentras una cicatriz. Tu pene decae, tratas de que se erecte nuevamente pero es en vano. Ella te comenta que es mamá de una pequeña de dos años. Tú sigues arrodillado frente a ella. Solo han pasado 10 minutos desde que entraron a la habitación. Ella se levanta, se limpia con un pedazo de papel higiénico el sexo y abandona el cuarto.

Empiezas a llorar en aquel colchón andrajoso. Mañana, será mañana, el día en que decides que te acercarás para conocer a tu hijo.


foto del colaborador Álvaro Alarco
Acerca del autor

Escritor, mediador de lectura y licenciado en Educación, especialidad Lenguaje, Literatura y Comunicación por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha colaborado para diversas antologías y revistas literarias. Fue seleccionado en la antología Relatos de pandemia (Editorial Rata Esquizofrénica, 2020). Es director del Proyecto Factótum, espacio de difusión, diálogo y creación literaria virtual sin fines de lucro.

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