Los recuerdos rojizos
Datos de publicación (revista completa):
Publicación: Revista Albores Caipell
Año de publicación: 2024
Número | volumen: 5 | 1
Link de visualización: https://www.calameo.com/read/006684502fe159c83f2fe
Cita: Juárez, K. (2024). Los recuerdos rojizos. Revista Albores Caipell, 5(1), 56-57. https://www.calameo.com/books/006684502fe159c83f2fe
Kimberly Patricia Juárez Vázquez
Entre las habitaciones de la casa de la abuela, existe una en la cual siempre me gusta adentrarme pues tiene todos aquellos objetos valiosos los tiene acomodados y ordenados como solo ella podría hacerlo, pues tiene desde sus cuentos de infancia en el estante a lado de su cama, como sus perfumes que ha utilizado en momentos importantes en su vida acomodados desde su primer beso hasta el que utiliza actualmente. Es una habitación común pero que guarda muchas memorias y secretos —no me gusta ser invasiva pero a veces me gusta pasear entre sus recuerdos.
Mi madre dice que entre sus recuerdos su mejor amiga Florencia se perdió y es que la abuela cuando escucha ese nombre parece que le ocasiona dolor y tristeza, pues las lágrimas comienzan a caer. Luego, frunce el ceño y nos advierte que si volvemos a mencionar su nombre seremos desterrados de su casa.
Siempre ha sido un misterio para mí saber que paso con Florencia pues todos dicen que yo herede su cabello rojizo y un poco de su personalidad. Siempre me he sentido conectada con el recuerdo de aquella mujer, aunque no se absolutamente nada de ella. Solo sé que es alguien cercano, pero ahora mi mente tiene una sola cosa: mantenerme pulcra y serena en este elegante, pero doloroso vestido negro, que me recuerda que hoy le daré el último adiós a la abuela.
Por alguna razón, mientras inhalaba el aroma de azahar combinado con el de rosas rojas, en mi mente vino el recuerdo de Florencia. Sonreí levemente, porque siempre pensé que su mejor amiga ya había muerto. Siempre la pensé como alguien que ya había pasado a mejor vida.
Mientras me hundía en el café y aquel aroma, una mujer pelirroja ya de edad avanzada entro por la habitación, se acercó al féretro para dejar un beso frío y al mismo tiempo melancólico para la abuela. Su gesto me llamo mucho la atención. Finalmente decidí acercarme. Entre pasos lentos esquivando algunos “pésame”, logré llegar hacia ella. Me esperaba con los brazos abiertos a los que simplemente me abalance como si ella entendiera perfectamente el dolor que provocaba la ausencia de la abuela.
Finalmente, en aquel abrazo sentí una cálida paz mientras ella simplemente me susurro: «Tú madre y tú, son lo más valioso que ella conservo de mí». Las lágrimas comenzaron a caer por mi rostro pues sus palabras tenían todo el sentido. Ella no era solo su mejor amiga, era su alma gemela. Mi madre y yo representábamos el sacrificio del destierro que provoco un amor, inoportuno e inapropiado para algunos, que las llevó al exilio. Una viviendo en aquella casa reviviéndola cada que tenía la oportunidad entre los recuerdos y la otra en otro país, siempre anhelando volver y vivir en la comodidad de un hogar sin perjuicios en donde solo el amor, el café con canela se percibieran.
Tal vez el día de hoy tenía la partida de una parte tan importante de mi vida como lo es mi abuela, pero la vida no fue tan injusta para darme una extensión de ella que me permite escuchar una y otra vez el origen de sus recuerdos, la alegría, el amor y no solo el dolor y la amargura que alguna vez existió en su dulce pero adolorido corazón, que la llevo a tener una vida llena de nostalgia pero también de un amor imposible que jamás floreció.
Entre sus diarios escribí una carta donde le contaba todo lo que ahora sé, pidiendo perdón por no ser tan comprensiva con ella, pero es que a veces mientras miro el atardecer me hace extrañarla e imaginarla enlazada en los cabellos rojizos de su verdadero amor. No obs-tante, si de algo estoy segura es que de alguna manera ellas encontraran la manera de estar juntas, pues la muerte no las ha separado. Solo tal vez por algunos días o años su legado y su amor secreto ahora lo llevo tan vivo en mi mente como el recordatorio de que las almas geme-las pueden encontrarse en el lugar más inesperado.
Acerca de la autora
Kimberly Patricia Juárez Vázquez (26 años, Estado de México). Egresada de la Universidad Autónoma del Estado de México, participante en distintas convocatorias en revistas digitales con diferentes temáticas. Siempre busco con mis relatos y escritos mostrar diferentes perspectivas crear empatía ante situaciones vulnerables, colaborar y enviar mis participaciones es para mí un gusto enorme gracias por siempre alimentar el alma y el amor por la escritura.




