La vía exógena

Cita esta entrada así:

Vargas, M. (2025). La vía exógena. Revista Albores Caipell. https://revistaalborescaipell.com/la-via-exogena/

Datos de publicación (revista completa):

Publicación: Revista Albores Caipell

Año de publicación: 2022

Número | volumen: 3 | 1

Link de visualización: https://www.calameo.com/books/00668450270cdc7176b1a

Cita: Gutiérrez, A. (2022). La vía exógena. Revista Albores Caipell, 3(1), 15-19.

https://www.calameo.com/books/00668450270cdc7176b1a

Alberto I. Gutiérrez

Mis narraciones ya son sólo mentiras a medias, la escritura es un conjuro, una anticipación, más tarde o
más temprano la realidad acaba deformándose o nunca se miente porque la realidad contiene todas las
palabras.
Marta Sanz
La lección de anatomía (2018:125)

“[…] Hay una sentencia con la que me gusta iniciar todas mis clases en el departamento de Ingeniería Social. Un comentario que más que una frase detonadora, opera como una oración con tintes absolutos. Si bien este adjetivo tiene un gran peso o carga semántica en nuestra sociedad, es necesario emplearlo ante lo que estoy por revelarles: la verdad es que nada interesante en la vida social ha ocurrido a plena luz del sol. Esto es de vital importancia, algo central que deberían tener presente la mayor parte del tiempo, ya sea al momento de leer una nota periodística o desde el instante en el que ponen un pie afuera de sus viviendas.

La realidad es que todo lo trascendental en esta existencia ocurre a puertas cerradas, en la quietud de la noche, en las inmediaciones de pueblos fantasma o en recintos a las afueras de la ciudad como en el que nos encontramos. Es en dichos espacios donde es posible hallar desde lo más abyecto hasta lo más sublime de la especie humana. Ahí radican los actos importantes, como la bondad, la intimidad, las investigaciones siniestras, el “fuera máscaras” y toda clase de tragedias del dominio de lo inter e intrapersonal. Es por esta sencilla razón que, en cuestión de materia humana, nunca hay que creerle o tenerle demasiada fe a lo que acontece en la escena pública. Simplemente no se le puede creer, ya que las decisiones habitan entre bastidores, en el quehacer de dramaturgos y guionistas, quienes a la luz de las ceras escriben plácidamente las líneas que guían nuestras existencias. Es bastante probable que la conspiración mejor guardada de la civilización actual sea la de los escritores, una precisión irrisoria a simple vista, pero que podría estar ocurriendo en verdad.

Y a propósito de esta pequeña reflexión introductoria que, a la par se trata de una invitación abierta a todos ustedes para desarrollar lo que yo llamo el “arte de ver de noche”, le secunda el tema que nos compete y que nos tiene reunidos en esta magnífica velada: la cuestión de la interrupción legal del embarazo, o más específicamente, la aceptación de la práctica del aborto en el bastión latinoamericano. He de admitir que no es la primera vez que me toca abordar la temática. Hace un par de años tuve una estudiante de doctorado procedente de un país centroamericano –El Salvador, si mi memoria no me falla– quien deseosa por entender los pormenores de la negativa a la aprobación del aborto en esta parte del mundo, quiso saber de viva voz mi opinión al respecto.

Como pudieron constatar en mi semblanza curricular, aquellos que se dieron a la tarea de revisarla o echarle un vistazo, hice trabajo de campo en Centroamérica, también en el país vecino, México, por lo que no fue nada difícil elaborar un argumento, aunado a que tenía pleno conocimiento acerca de las directrices internacionales para el control de la natalidad, ya que participé de manera directa en su desarrollo e implementación. Tal vez ya tienen noción de este tipo de propuestas, pero si no fuera el caso les puedo compartir algunos pappers al término de la charla.

Hay algunas cuestiones importantes para entender los motivos por los cuales ha avanzado con lentitud esta iniciativa en Latinoamérica, lo que se aleja diametralmente de lo que puede observarse en la mayoría de las naciones desarrolladas, en el que las trabas parece que se han desvanecido por completo. En lo concerniente a las limitaciones culturales, estas son más que evidentes, al haber una reticencia de facto a nivel social, producto de una mentalidad colectivista que se mantiene vigente, en la cual veo infructífero detenerme. No obstante, donde me gustaría reparar, donde quiero que dirijan su mirada es hacia los directores de orquesta, de ahí que volvamos a lo dictado en los comienzos de esta intervención, todo desde una perspectiva calculadora, instrumental o, si se prefiere, maquiavélica.

Tomando los movimientos de derecha nacionales como punto de partida, existen diversas corrientes dentro de dicha facción política que se oponen tajantemente a la interrupción del embarazo, sin embargo, lo que debería captar nuestra atención son aquellas figuras que se encuentran al frente de estas vertientes, pues no son los perfiles más altruistas por decirlo de alguna manera. Reparando en el caso mexicano, que me es cercano personal y geográficamente, parece bastante curioso que los empresarios de talla nacional están a la cabeza de este tipo de movilizaciones, cuando los hechos sugieren que ciertas capacidades psicológicas como la empatía o la solidaridad son cualidades escasas o se ven disminuidas significativamente en ellos. En consecuencia, una pregunta obligada es la siguiente: ¿qué lleva a estas figuras a querer participar, destinar recursos o involucrarse en una cruzada a favor de la vida, cuando sienten desdén por aquellos individuos que están por debajo de su condición? Esto no es difícil de responder, por lo que se puede resolver de una manera muy sencilla: por el respeto que se tiene a la tradición…a la tradición del dinero.

Debemos considerar que las naciones latinoamericanas son atractivas por su mano de obra barata, siendo este su producto estrella, un atributo que funciona a nivel de mercados, imaginarios y desde la geopolítica. En este sentido, disponer de una gran cantidad de trabajadores hace que su valor se mantenga relativamente bajo, por ley de escasez, por ley de oferta y demanda, algo que evidentemente beneficia al empresariado latinoamericano que anhela su posicionamiento en la tan sonada arena mundial, aunado a que de forma simultánea le puede generar clientes directos. Por lo tanto, cercenar, cortar o constreñir la llave de la reproducción humana en pleno vuelo y expansión, podríamos tildarlo de una práctica irracional, una manera poco inteligente de cometer suicidio.

Antes de continuar, no quiero que olviden que el poder nunca es tonto, son tontos aquellos sujetos que así lo creen, aunque es cierto que de vez en cuando puede aparecer uno que otro error de cálculo. Bien, lo dicho explicaría a grosso modo qué ocurre a la cabeza de estos movimientos a favor de la vida, a lo que faltaría añadir el papel de los grupos religiosos, un tema en el que no es mi intención ahondar por cuestiones de tiempo, pero que lo haré someramente porque recuperaremos el mismo argumento ulteriormente. Ustedes entienden perfectamente que donde hay una pareja de feligreses, de devotos, pueden surgir más de ellos, los cuales, tras un minucioso proceso de socialización, estarán dispuestos a aumentar los ingresos, lo que justificaría el interés de mantener la procreación constante.

Una vez evidenciado el posicionamiento del empresariado nacional, que busca a toda costa mantener una ventaja competitiva mediante la reproducción humana, ahora es menester orientar nuestra mirada hacia la cúspide internacional, esfera con la que tengo contacto directo y afinidad. Es de dominio público que muchos movimientos a favor del aborto son iniciativas de corte globalista que surgieron en los países desarrollados en la segunda mitad del siglo pasado, las cuales se han ido difundiendo, dispersando de forma gradual hacia las naciones menores o satelitales. Este intercambio ideológico —con un sentido más unidireccional que otra cosa— ha perseguido el mismo objetivo de siempre, el cual se mantiene desde la creación de estos movimientos en los laboratorios de Ingeniería Social de los principales centros de investigación del mundo: reducir a la humanidad.

Ante esta afirmación, una pregunta debería surgirnos de inmediato, ya que la reducción parece contradecir de alguna manera la cultura del capitalismo en la que nos hallamos inmersos: ¿por qué los grupos internacionales desean que haya una disminución poblacional si la proliferación de los humanos les puede representar mayores beneficios, al igual que a los empresarios nacionales? Es claro que contrariar el dogma de la maximización de ganancias puede sonar ilógico, absurdo e irracional, pero no podemos ignorar un hecho fundamental, perteneciente al dominio de lo concreto: planeta solo hay uno, mundo que dispone de severas limitaciones.

Recursos escasos o el fenómeno del calentamiento global, son algunos de los pequeños temas que enfrenta la especie, algo que digo con sarcasmo, ya que estos problemas son mayúsculos, motivo que nos hace querer mirar hacia al espacio sideral con cierta esperanza. Como resultado se ha vuelto imperativo la generación de múltiples estrategias de control demográfico, algo que ya es factible puesto que los liderazgos de mercado mundiales ya están más o menos definidos, luego de un proceso intenso de competencia, que tras su culminación ha generado las condiciones propicias para entablar acuerdos y la viabilidad de prescindir de millones de individuos sin que eso signifique para las corporaciones caer en la bancarrota o en una noche financiera.

Cabe señalar que hacer ajustes planetarios como la mencionada cruzada ideológica contra la natalidad, no es, ni ha sido, tarea fácil. Desde los comienzos sabíamos que el camino iba a estar lleno de trabas, obstáculos, pues el cambio cultural no es tan veloz como lo esperado, no viaja a la velocidad de la luz, pero esos inconvenientes han podido ser sorteados con la asesoría y el marco teórico adecuados.

De inicio era inviable revelar nuestras intenciones, hay situaciones que conviene que no sean sabidas por el público, puesto que los individuos podrían mostrarse reacios a cooperar en un proyecto de tal envergadura, de ahí que la persuasión y la manipulación fueran un imperativo. ¡Imaginen ustedes que fuéramos honestos y le dijéramos a cualquier hijo de vecino que fuera a marchar para pedirle a las parejas y gobiernos que frenen la procreación para que podamos administrar el planeta eficazmente, o piensen en los que están a favor de la vida solicitando a la gente que hagan pancartas pidiendo que continúe la reproducción para mantener los precios bajos de la mano de obra! Ambos escenarios son irrisorios, medidas no muy inteligentes, poco elegantes me atrevería a aseverar. Que esto último sirva de prueba de que la sinceridad, en ciertos contextos, constituye una forma de estupidez.

En consecuencia, tuvimos que ser más astutos, más indirectos, operar en la quietud de la noche, a la luz de las ceras, echando mano de ciertas ideas, jugando con el lenguaje, desarrollando ideologías e instrumentalizando la cartera de issues psicológicos con los que cuenta la población —emociones, buenas intenciones, inquietudes, heridas en la infancia y un largo etcétera—. Fue así que el mundo vio nacer la máscara perfecta, el progresismo y sus derivados, modalidades capaces de encubrir nuestras motivaciones, de poner a pelear a los individuos por una presunta causa, cuando la realidad es otra.

Recuerdan que hace un par de minutos les indiqué que recuperaríamos un argumento cuando hablé del posicionamiento de las agrupaciones religiosas, pues esta afirmación también parece apli-car en el caso gubernamental, instancias que han opuesto algo de resistencia a nuestros planes. Es sabido que los gobiernos obtienen sus recursos a partir de las aportaciones de los contribuyentes, asimismo, de los precios competitivos de la mano de obra, por lo que un control de natalidad férreo o estricto sencillamente es algo que no les viene en gracia. Aunque es innegable que han tenido que ajustarse debido a las presiones internacionales, aunado a las exigencias sociales que han sido orquestadas a través de la vía exógena.

Es por esta sencilla razón que los actores políticos se movilizan con extrema cautela, buscando alargar la decisión, esperando que la demanda social llegue a un punto crítico para aceptarlo en las condiciones más limpias e “higiénicas” posibles, muy al estilo de Pilatos, evitando así deteriorar su imagen y perder el favor de sus respectivos nichos de mercado ideológicos. Para aquellos que lo intuyen o lo desconocen, solo quiero explicitar que la fuerza vital de todos los políticos parte en gran medida de sus aliados, de sus seguidores, por lo que la soledad o el aislamiento constituyen su mayor miedo, de ahí la aversión a tomar decisiones que contraríen la opinión pública.

Bien, una vez realizadas estas anotaciones sobre el tema, espero haberles ofrecido algunas pistas de lo que ocurre en el bastión latinoamericano, una información que los acerque a los porqués del retraso, de la lentitud. Sé que muchos de ustedes estarán impactados o contrariados por todo lo que acabo de narrarles. Es bastante seguro que varios no aplaudirán al termino de mi intervención, lo que, créanme, considero la mejor ovación…la poética que subyace tras el silencio absoluto como decía mi maestro y mentor el Dr. P. J. Saynreb. Aunque confío plenamente en su buen juicio, pues se ve que son personas que gustan del pensamiento, que tienen conciencia de que el cráneo fue hecho para proteger al cerebro y a la mente, mientras que las costillas constituyen la jaula del órgano cardíaco, indicio de que tienen sus prioridades en orden y sus emociones bajo control.

Sé que el día de mañana sabrán encontrar valía en mis palabras, que apoyarán la causa que les acabo de exponer con todo el rigor y sacralidad que representa tener el destino de la humanidad en nuestras manos. Con esto concluyo esta breve intervención, deseándoles que tengan una noche excelente, y aprovecho para recordarles que no saber para quién se trabaja, es quizá otro de los secretos mejor guardados de nuestra civilización, y tener conciencia de esto raya lo sublime, acercándonos valientemente al terreno de los dioses, al ámbito de la divinidad”.

Acerca del autor

Alberto I. Gutiérrez (San Luis Potosí, México). Ha escrito diversos textos sociológico-literarios, relatos y ensayos principalmente, los cuales han sido publicados en diversos medios como la Revista de Creación Literaria Nocturnario, Revista de Literatura y Arte Monolito, Revista Literaria Tabaquería, Interliteraria y la Revista Albores Caipell.

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