Entre el canto del pájaro y el grito de la carencia: un retrato de nuestra deuda educativa
Este texto forma parte de la editorial del cuarto número de nuestra Revista Albores Caipell
¿Qué podemos hacer con tanta necesidad presente en las instituciones educativas rurales de nuestro país? Una interrogante simple y algo floja, pero la realidad solo es el iceberg que abre más indagaciones.
Hasta hace un tiempo atrás no me preocupaba por estos asuntos, quizás por la lejanía de donde me encontraba o por la comodidad. Hoy me encuentro en una comunidad lejos de casa y con tiempo para pensar. El cantar de los pájaros y los silbidos propios de la Amazonía acompañan el sonido de las teclas. Es momento de criticar, sí, de criticar.
Los gobiernos y sobre todo los encargados del sector educación en nuestro país solo piensan en las capitales de las regiones, provinciales o distritales (eso contando que pertenezcan a la ciudad capital). ¿Y el resto? He evidenciado muchas necesidades y no solo de tecnología (ya que no hay), sino lo relacionado a deficiencias de aprendizaje presentes en los estudiantes, infraestructura, materiales educativos, recursos digitales, etc.
La comunidad de Sanango pertenece al distrito de Barranquita, provincia de Lamas, región San Martín. Y esta, como las centenas que hay en nuestro país está abandonada a su suerte y a lo poco que pueden hacer sus pobladores. Es aquí una consecuencia, de las tantas que hay, de la corrupción. Los sectores primordiales que atender no se atienden (valga la redundancia). La salud, la alimentación, la educación de estos estudiantes solo es proporcionada a cuentagotas, mientras allá en Lima, hasta en Tarapoto (ciudad más comercial de la región), hay atención de sobra —ni tanta en comparación con los sueldos y gracias de los congresistas y ministros—.
Aquí hay escasa presencia del sector administrativo del Estado. De vez en cuando para hacer pantalla la Dirección Regional de Educación se aparece. Ni en la posta médica hay medicinas básicas como el paracetamol. Menos las habrá cuando un estudiante enferme por la tarde. Al parecer el horario solo es hasta el mediodía. Qué raro. ¿Qué está pasando? ¿Este es mi país?
El ministro, al igual que los anteriores que asumieron el cargo, pregona sobre la descentralización de la educación en el país. Y asegura que las necesidades básicas para los estudiantes a nivel regional están atendidas. Si tan solo creen que con enviar unas decenas de tablets y unos cuantos productos del Programa Nacional de Alimentación Escolar Qali Warma el problema está solucionado, cometen un grave error. Los invito a que pasen una semana por aquí y ahí conversamos. La necesidad abunda al igual que los corruptos presentes en cada alcaldía municipal. La descentralización está en el último peldaño de nuestro desarrollo, ni siquiera pisamos la mitad del camino.
La educación de los niños de esta parte del Perú está en deterioro. Lo poco que podemos hacer los docentes no es suficiente. Necesitamos más ayuda por parte del gobierno central. Y dinero hay. Claro que hay. Si en vez de reparar una laptop compran una nueva; creo yo, que si hay recursos económicos. Otro asunto es que no se distribuya bien.
Pese a todo esto, me encuentro bien. Y trato de que mis estudiantes logren desarrollar las capacidades y competencias educativas necesarias para desenvolverse en la sociedad. El arma más poderosa del hombre es el conocimiento y para eso he llegado. Les brindaré nuevas oportunidades, para que más adelante logren ser personas útiles en la sociedad. No como tanto alcalde que visita comunidades como esta solo para captar seguidores y aumentar en popularidad para las elecciones. Es momento de actuar, enseñar para el cambio de esta sociedad.
Atte. director de la revista




