El baño de rudas oscuras
Datos de publicación (revista completa):
Publicación: Revista Albores Caipell
Año de publicación: 2024
Número | volumen: 5 | 1
Link de visualización: https://www.calameo.com/read/006684502fe159c83f2fe
Cita: Duque, M. (2024). El baño de rudas oscuras. Revista Albores Caipell, 5(1), 27-28. https://www.calameo.com/books/006684502fe159c83f2fe
Mariana Duque García
He intentado que el shampoo no se me vaya a los ojos, que los pies no me traicionen y me hagan resbalar dentro de la ducha, he luchado con la llave para que no se reviente mientras la cierro, he cuidado con sigilo el calentador del agua, y me he bañado con agua fría, nunca había sentido agua fría dentro de mis dedos más pequeños de los pies. Me bañe en la oscuridad absoluta, solo una velita con una luz tenue, casi imperceptible me acompañó. Me latigué como cristo con la ruda, hice buches de agua y me autopurgué, fue rápido, corto. No es la primera vez que hago baños sensoriales, este fue lindo, porque todo lo que usé, me agradaba, y mucho. Bañarse en leche y rosas, también es lindo, pero después, el olor a ternerito dura como 3 días seguidos.
Me di cuenta de lo esencial, que a veces como crespa tengo que descansar del agua caliente y de tantas cremas para peinarme, no me molesta tener el pelo esponjado. Lo que experimente fue la intimidad dentro de la misma intimidad, las intimitades, EN-CU-E-RO-S-Y-CU-E-R-POS: Es de noche, y yo todavía espero con la confianza de la mañana que mi gato madure y no me deje su olor de babas impregnado en mis dedos. Pasan tantas cosas. Ahora los cucos que me regalaron hace 5 minutos están manchados de sangre. Simple. He encontrado un placer casi culposo en chuparme el pelo y en comerme los pétalos de las rosas a mordiscos de perro furioso, y de romper las bombas con los dientes y quedar con la cara roja de los quemonazos que me tatúan la piel rosada como melocotón, también he traducido lo que tratan de decir mis pies con las cuerdas de la guitarra llenos de talco, he probado el desodorante y me he quedado con la boca antitranspirada, con el sabor de la cascara del banano en la boca. No me canso de sobar los bordes de las cobijas porque me siguen arrullando como cuando era pequeña y tomaba tetero. Ya no me quiero coronar más con espinas en las piernas, y decir que son pelos encarnados. Encarnada esta la carnicería y yo estoy a campo abierto. Confieso que estoy mamada de lavar mi cabello cada vez que han caído lluvias torrenciales y el cielo orina a cantaros por medio de chorros naranjados, el agua sale fría, me congela el cerebro el espíritu y los sentimientos, me convierto en una crema de hielo, con chantillí con sabor a shampoo barato, para bañar el cabello de las muñecas repollo.
Encontré en mi ja dos margaritas, cuando las miré me devolvieron un reflejo idéntico, éramos tres florecitas rebeldes pintadas, creciendo, llenas de rocíos silenciosos. Ellas son margaritas que no se marchitan son interminables como la historia de Michael ende, ellas son mujeres que nunca se deshojan, solo regalan pétalos al arte, a ellas mismas y a la vida.




