Desconcierto citadino
Datos de publicación (revista completa):
Publicación: Revista Albores Caipell
Año de publicación: 2024
Número | volumen: 5 | 1
Link de visualización: https://www.calameo.com/read/006684502fe159c83f2fe
Cita: Nivia, R. (2024). Desconcierto citadino. Revista Albores Caipell, 5(1), 29-31. https://www.calameo.com/books/006684502fe159c83f2fe
Rusvelt Nivia Castellanos
De locos tiempos, hay degeneración en la ciudad de Mowana. Por aquí, los pobladores andan extraviados por las calles. Ellos deambulan entre la ruindad como sombras. Sus vidas se saben trastornadas y patéticas. Estos seres pobres; habitan en el desorden, lo pasan mal en las afueras. Desde temprano, los gamines corren por las plazas y se ponen a mendigar centavos para después comer migajas y meter bazuco. Ansiosos, van fumándose el humo, todos nerviosos. Al poco tiempo, obvio se enfurecen sus mentalidades por el defecto, comienzan a gritar en la medida que van haciendo monerías extravagantes. Pesadamente, cada vez más se trastornan y se dañan en el vicio. Estos seres desvarían entre el mismo gentío. Mientras tanto, según como pasa este espectáculo aterrador, las chicas de los antros, salen a prostituirse en las esquinas. Con obscenidad, contonean por ahí sus cuerpazos frente a los postes, danzan siendo seductoras, mueven sus bellezas. En cuanto a los otros instantes, muy adornadas, ellas van charlando con los hombres, que por ahí se estacionan, más a lo fascinadoras les lanzan promesas de coquetería y tras lo acordado, levantan la falda con elegancia para subirse en las camionetas. Y obvio en pareja estas mozas, pasan de viaje derecho hasta el motel. Una vez en el edificio, ingresan sin demora a la pieza, allá se desnudan y se revuelcan con los viejos en la cama, quienes luego de sacudirlas hasta el cansancio, les botan cualquier montón de billetes y las dejan ahí abandonadas en ese escondrijo. Del resto; ellas vuelven a salir por los recovecos para buscar acostarse con muchos más hombres y de nuevo tienen sexo sucesivamente rudo, sin descanso, haciéndolo con bastantes señores, solo hasta cuando quedan muy embarazadas o ven que ya están falleciendo por el sida.
Así aún hoy, la sociedad concurre desequilibrada por esta ciudad. Perdida se mueve entre el frenesí ruidoso. Ya todos estresados, los oficinistas trotan por las calzadas hacia sus puestos de trabajo. Van con sus rostros fastidiosos, agitando los trajes suyos y van con sus pasos apresurados, yendo de corrido hacia los edificados rascacielos. Eso ellos ni casi se detienen a reflexionar sobre el mundo. A lo ansiosos; ingresan por los portales, recorren los pasillos atestados de clientes, suben las escaleras y por lo regular, ingresan a los despachos y se ubican en los escritorios para gestionar lo empresarial. De seguida conformidad, pasan a sus otras rutinas, prenden los computadores en vez como repiten sus actividades tediosas. Allí ciertamente revisan los archivos, tramitan varias cosas, realizan los informes. Más ahora y entre los días, ellos siguen metidos en sus ocupaciones, pulsando el teclado y moviendo el mouse, sabiéndose rendidos ante los jefes, recibiendo meras ordenanzas.
Entre tanto, por los lados del centro, reaparecen los ladrones traviesos, quienes cogen por los callejones, yendo sigilosos. A su hora, ellos avanzan por entre los faroles dormidos para sorprender a sus víctimas y raparles sus pertenencias. Decididos espían a las señoras con malicia y apenas descubren que están despistadas, saltan a quitarles las joyas y también les jalan sus bolsos. Tras lo inmediato; corren a toda velocidad en dirección a sus metederos, bajan hasta los suburbios donde viven, una vez por allí, se refugian en sus escondites, huyendo de los policías y apenas cesa la persecución, arrumban para las cantinas dispuestos a chupar chirrinchi toda la noche.
Y en general, mal pulula la miseria humana aquí en Mowana. Hay mucha inmoralidad en las personas. Para colmo, llegan unos políticos a las plazoletas, más se encaraman en la tarima, soberbios se ubican frente al atril y ya preparados, comienzan a soltar sus discursos fantasiosos. Realzados en su posición, hablan sobre el progreso para el pueblo; que harán grandes gestiones, que dizque pondrán escuelas y casas culturales, ellos dizque además ofrecerán trabajos justos a los pobres. Entonces por supuesto, mucha gente los apoya con aplausos y algarabía. Más la mayoría de las personas quedan ilusionadas. Pero al llegado tiempo, cuando retumba el momento de la verdad, los dirigentes no hacen casi nada por la ciudadanía, solamente buscan es mantenerse en el gobierno para tramar vagabunderías y aún para manipular a la muchedumbre, son unos tramposos. Y mientras sigue la alharaca de esos hombres faroleros; lloran por los alrededores de los tugurios, varias mujeres, que están en la intemperie. Desde hace muchos años, ellas fueron desplazadas de sus fincas, por la violencia. Así que ahora vagan por esta ciudad horrorosa, yendo harapientas y con las caras tristes, sin saber cuándo haya esperanza para volver a ver sus tierras. Aparte de todo, han tocado por aquí en las casas de los barrios más marginados, brindando sus servicios como tejedoras a cambio de hospedaje, no obstante, nadie les pone cuidado ni las llaman para sus quehaceres, solo a veces les tiran una que otra limosna y las dejan por ahí errantes en la desolación callejera.
Desigual para colmo; las niñas huérfanas de esta ciudad, moran en las afueras insanas, ellas rondan a su suerte por los senderos peligrosos, recorren varios parques y tugurios grisáceos, sin saber cuál es su futuro, solo ofrecen sus llantos a cambio de alguna caridad, así que reciben de los jóvenes un poco de comida chatarra y galletas, más después, ellas van rumbo a sus resguardos y una vez en la noche, al llegar allí, duermen entre sus cobijas rotas hasta la aparición de la muerte.
Así que sí, severa es toda esta urbe capitalina de Mowana, funesta en su perdición.

Acerca del autor
Rusvelt Nivia Castellanos (Ibagué, Tolima, Colombia). Escritor por vocación, colaborador acérrimo de nuestra editorial. Comunicador social y periodista de profesión en la Universidad de Tolima. Son diferentes los talleres literarios donde participa, por ejemplo, Taller de cuento; Hugo Ruiz Rojas, Universidad del Tolima, además asiste al taller de Relata, Escribarte, Ibagué. Escribe relatos, cuentos y más textos literarios.




