Botones de muñeca en el armario

Datos de publicación (revista completa):

Publicación: Revista Albores Caipell

Año de publicación: 2024

Número | volumen: 5 | 1

Link de visualización: https://www.calameo.com/read/006684502fe159c83f2fe

Cita: Kishimoto, B. (2024). Botones de muñeca en el armario. Revista Albores Caipell, 5(1), 34-37. https://www.calameo.com/books/006684502fe159c83f2fe

Bruna Radija Kishimoto Bermudes

Había muy pocas cosas que hacían a Erica más feliz que cuando jugaba con “Berenice”. Les explicó, “Berenice” era una hermosa muñeca de tela, la misma había sido confeccionada por la abuela de la pequeña y llevaba el mismo nombre que él de su creadora, hecho que hacía del juguete más querido y especial. A los 7 años no era común ver a Erica despegarse de su “Berenice”, esta era su invitada de honor para todas las fiestas de té y para cada pijamada o cita de juegos que solían organizar sus amiguitas. Era normal ver a la niña pegada a su muñeca y nadie se lo discutía, después de todo “Berenice” era su pequeña adorada, su mejor amiga, pero incluso las mejores amigas caen de su pedestal y son olvidadas con el tiempo, con la distancia… Poco a poco Erica fue creciendo, de una niña de 7 años se convirtió en una bellísima jovencita de 17, quien siempre cuidaba de su larga cabellera negra, misma que se había vuelto su orgullo y parte fundamental de su autoestima.

Era muy común y natural verla perdida en la imagen de su espejo, ya había llegado a una edad en la cual toda mujer es consciente de su apariencia y que está tiene una importancia fundamental en la sociedad, al igual que Narciso había caído encantada por el amor que se tenía a sí misma. Claro que el cambio no solo era físico, sino que también había perdido el interés en cosas que antes le parecían demasiado importantes como jugar con muñecas, fue así como “Berenice” terminó botada y olvidada en algún rincón de aquel armario tan desorganizado que Erica siempre se olvidaba de limpiar y arreglar; aun así, siempre quedaba una brecha que le permitía recordar cómo se sentía la luz y también le permitía observar que de tan importante tenía su antigua amiga para hacer que la había abandonado. Visitas de novios, besos, maquillaje, visitas de sus amigas —las cuales jamás dejaban de parlotear—, pero lo más odioso para la muñeca era ver cómo Erica le dedicaba horas y horas al peinado de su larga melena color azabache, sentía que su amiga amaba más su propio cabello que a su querida muñeca y que así no debían de ser las cosas, no después de todo lo que habían vivido juntas…

Fue en una noche oscura de invierno, Erica tenía el sueño ligero y se alertó en cuanto escuchó un rechinido muy similar al que hace una puerta de madera cuando se abre, por eso mismo abrió los ojos con cierta pereza y trató de observar su entorno, pero estaba todo tan quieto que se convenció de que había sido un sueño y no dudó en volver a cerrar los ojos para dormir. Ya estaba casi dormida cuando tuvo la impresión de haber escuchado una extraña risa, risa misma que logró hacer que se le erizará la piel, puesto que le resultó muy macabra, casi salida de una película de terror; se sentó en su cama y encendió su luz de noche, para luego recorrer su habitación con la vista.

No tardó mucho en convencerse de que no había nada ni nadie en la habitación y recordando que tenía una cita con su novio, pensó que lo prudente sería ya dejar de agobiarse con toda aquella fantasía y dormir. Logró hacerlo al fin, pero un ruido la volvió a despertar, aquella vez parecía que alguien había hecho todo un desastre en su habitación y por ello no dudó en levantarse para prender la luz; presa del espanto vio como toda su ropa se encontraba desparramada en el piso, su espejo roto y su maquillaje tirada por doquier, parecía más bien que un toro había pasado por allí, quiso salir para alertar a sus padres, pero un agudo y punzante dolor en la pierna izquierda la hizo caer en el piso en donde alguien aprovechó para noquearla en la cabeza.

Abrió los ojos. Solo en ese momento se dio cuenta de que había caído en la inconsciencia, se encontraba atada a una silla del comedor y amordazada, frente a ella solo pudo distinguir la figura de una muñeca, la figura de “Berenice”. Quiso gritar, pero no pudo, igualmente sus movimientos advirtieron a la muñeca de que ella se encontraba despierta, eran las 03:33 de la mañana y no había modo de pedir ayuda alguna.

—¡Qué bueno que has despertado! —exclamó “Berenice” con una voz casi espectral— No sería divertido jugar contigo dormida.

Erica no dejaba de llorar y gimotear, fue hasta que sintió una fuerte cachetada, misma que provenía de su muñeca, «Eres una niña muy mala, Erica… abandonaste a tu amiga en un armario oscuro y la cambiaste frente a sus narices, pero no te preocupes, te quiero mucho y lo voy a remediar».

Erica hubiera querido decir lo siento o haber tratado de calmar la ira de su pequeña amiga, pero aquella mirada hecha por botones —ya gastados y medio descosidos— parecían indicar él más puro de los ojos. La muñeca caminaba a su alrededor y se perdía de su vista, esos momentos aterraban a Erica, quien podía escuchar los chirridos que pro-venían de un cuchillo al ser arrastrado por la loza del piso…

—Erica es mala —dijo una voz acompañada por una horrible risa, misma que más parecía venir de una bruja—. Erica es una chica mala, porque juega desnuda con los chicos cuando sus padres no están.

La muñeca reía y casi cantaba al hablar, mientras Erica lloraba por el temor tampoco la vergüenza.

—Erica se entrega, Erica es una fácil, Erica juega con las piernas abiertas con su novio.

Erica quería escaparse de aquella tortura y de aquel escrutinio, pero no había modo de liberarse.

—Pero yo voy a ayudarte, ya no podrás ser una chica lujuriosa, empezando por tu cabello… si, tú lindo cabello negro, antes lo llevabas corto y eras una niña tan buena.

Como pudo Erica comenzó a removerse en su silla, mientras la muñeca subía por su regazo y con el cuchillo prometía deshacerse de su hermoso cabello, estuvo a punto de hacerlo cuando Zeus, su Rottweiler ya adulto, logró entrar a la casa al romper la puerta y abalanzarse en contra de la muñeca. La chica fue entonces obligada a ver la horrible y sangrienta escena que se formó ante sus ojos…

*****

Era una noche fría y lluviosa. Sus pies y manos se encontraban sucios de lodo, arrodillaba miraba hacia el interior del hueco que había escarbado, había vendado su pierna, pero no podía evitar aquel maldito cojeo, ella no era la única, pues Zeus, su viejo y fiero amigo se encontraba herido de una pata, pero se encontraba a su lado. Erica sonrió, él siempre lo había estado y fue lo único que ella no pudo abandonar al crecer, lo abrazó y rompió en llanto; llanto que se ocultó gracias a las gotas de lluvia. Llanto que se perdió en la noche, mientras aquella muñeca yacía despedazada en el hueco hecho para enterrarla. Si, aquel era el último adiós que Erica podría presentarle a aquella muñeca despedazada y durante años olvidada.

—Lo siento… —dijo Erica, mientras tapaba aquel hueco. Jamás en su vida había sentido tanto miedo, ni tampoco había sentido su corazón más roto.

Aquella muñeca se había ido buscando vengar el amor que había perdido y Erica no podría escapar de la culpa de haber abandonado a su adorada amiga, a la pequeña “Berenice”. Lloraba y la lluvia caía en representación de las lágrimas alguna vez soltadas por aquella muñeca olvidada, lo único que quiso conservar Erica fueron los botones de los ojos de su muñeca, los cuales conservó en el armario, pero no los olvidó y jamás se permitió perderlos….


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