Aportes de don Pablo Hurtado a la educación nicaragüense: siglo XIX
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Zosa-Cano, A. (2025). Aportes de don Pablo Hurtado a la educación nicaragüense: siglo XIX. Revista Albores Caipell. https://revistaalborescaipell.com/aportes-de-don-pablo-hurtado-a-la-educacion-nicaraguense-siglo-xix/
Datos de publicación (revista completa):
Publicación: Revista Albores Caipell
Año de publicación: 2021
Número | volumen: 3 | 1
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Cita: Zosa-Cano, A. (2022). Aportes de don Pablo Hurtado a la educación nicaragüense: siglo XIX. Revista Albores Caipell, 3(1), 6-14. https://www.calameo.com/books/00668450270cdc7176b1a
Alexander Zosa-Cano
Miembro correspondiente
Academia de Geografía e Historia de Nicaragua
¡Multifacética vida académica de don Pablo Hurtado Gago! Se dedicó a la docencia y administración escolar, escribió temas históricos y geográficos, que dieron paso a innumerables fuentes bibliográficas y hemerográficas, y, por supuesto, se dedicó a la vida empresarial, esta última faceta poco difundida por sus biógrafos. Nacido el 23 de enero de 1853, entre las últimas estribaciones de la sierra Amerrique y el río Mico, en San Pedro de Lóvago de Chontales. Aprendió a sortear, como buen chontaleño, los dolores, infortunios y desencantos. En la niñez perdió a sus padres. No perdió la fe. Criado por su tío materno, don Felipe Gago, en los minerales de La Libertad y Santo Domingo. Allí conoce las adversidades de los mineros, oprimidos y analfabetos. No queriendo ser como ellos se busca nuevos horizontes. Granada sería la oportunidad de su vida. Con el tiempo la semilla de los esfuerzos en la Gran Sultana daría frutos. El ser autóctono de un villorio no fue obstáculo para que él se convirtiera en uno de los pedagogos que hizo de la educación un campo de batalla contra las tinieblas del analfabetismo.
A Hurtado le correspondió vivir una época de cambios en materia educativa, política y social. Su formación académica de parte de profesores españoles sirvió para educarse en el enciclopedismo clásico. Sus constantes lecturas de los pedagogos y puesta en práctica de innovaciones educativas, la fundación de instituciones escolares en las últimas tres décadas del siglo XIX le valieron para crear de su nombre toda institución cultural.
Primer discurso de Hurtado en el Colegio de Granada (1878)
Don Pablo Hurtado apostó por la modernización de la educación en Nicaragua desde el 7 de mayo de 1877 cuando asumió —tras la muerte del presbítero Pedro Sáez Llaría— la Cátedra de Geografía Universal, la secretaría y las responsabilidades como profesor Interino en el Colegio de Granada. En 1879 el Claustro de Profesores dispone —basado en su reglamento— que el profesor Hurtado ofreciera un discurso con motivo de la inauguración del curso académico de 1878-1879. El joven educador de veintiséis años escoge los motivos de su ponencia: religioso-histórico-filosófico. Aquellas palabras resonaron en el edificio. Fueron elocuentes y brillantes. Al concluir puntualizó: «Libertad, igualdad, fraternidad, emancipación política del hombre, influencia social de la mujer, respeto a los derechos individuales, espíritu de asociación, relaciones entre la iglesia y el estado, relaciones internacionales en los pueblos y tantos otros principios que determinan hoy el movimiento histórico en los diferentes órdenes de la vida, forman un cuadro vastísimo, difícil de describirse a grandes pinceladas» (Hurtado, 1879, p. 224).
Colegio de Señoritas de Granada (1882)
La trayectoria magisterial de Hurtado ya es conocida y con motivos de la fundación del Colegio de Señoritas de Granada, la Junta de Padres de Familia y el Gobierno representado por don Joaquín Zavala, presidente de la República, publican el Prospecto en la Gaceta Oficial el 16 de diciembre de 1882. En aquellas líneas se rememora: «S e hacía sentir aquí, hace mucho tiempo, la necesidad de un colegio de niñas bien organizado y con los medios necesarios para dar a la enseñanza de la mujer el desarrollo que exige el grado de cultura a que hemos llegado, y las naturales aspiraciones de la sociedad a mejorar de condición». El claustro de maestros de aquel moderno establecimiento eran destacados educadores venidos de los Estados Unidos: Miss Mary E. Oliver, alumna graduada (Ph. B.) de la Universidad de Cornell; Miss Emihe C. Day, alumna graduada del Colegio Normal de Nueva Yory; Mrs. C. B. de Álvarez, alumna de la Escuela Superior de Milford, Conn. Y a ellas sumamos al único educador nicaragüense, don Pablo Hurtado, profesor del Colegio de Granada. El directorio de la novísima institución eran don Fernando Lacayo, presidente; Dr. Franc. Alvarez, vicepresidente; don Dionisio Quadra, Secretario, Dr. Agustín Pasos, vicesecretario, y don J. I. Bermúdez, tesorero.
Colegio de Masaya (1883)
Representantes de prominentes familias en Masaya formaron una Junta de Padres con el propósito de fundar el Colegio de Masaya (1883). El doctor Julián N. Guerrero y la profesora Lola Soriano afirman en su Monografía de Masaya (1965) que la fundación del Colegio fue en 1873 y entre sus primeros directores fueron don Pablo Hurtado y don Trinidad Cajina. La institución ofrecía la formación a los estudiantes en la casa de don Sinforoso Noguera. Por otro lado, el poeta Adolfo Calero Orozco (1962) escribió que el profesor «aceptó y temprano del año 1883 vino a encargarse del nuevo centro de enseñanza». A la falta de la localización del Acta de Fundación y que el Colegio de Granada se inauguró hasta el 14 de febrero de 1874 y no podía servir de modelo a los masayas, el dato de Guerrero y Soriano es errado. Lo que sí se puede anotar es la pasión con que ejerció sus labores, Pablo Hurtado, en el Colegio de Masaya, ya que «su salud cedió y cayó enfermo de cuidado; un prolongado descanso se imponía y la Junta de Masaya, deseosa de retener los valiosos servicios de don Pablo, le otorgó un permiso de siete meses, con goce de sueldo, para que al recobrar la salud regresase a la dirección del colegio y a servir las cátedras que también tenía a su cargo» apuntó Calero.
Instituto Nacional de Oriente (1884)
El primer día de mayo de 1884 el Gobierno del Dr. Adán Cárdenas decretó que el Colegio de Granada se llamaría Instituto Nacional de Oriente. El establecimiento había permanecido cerrado producto de los conflictos armados. El 15 de julio de 1885 se inaugura el año lectivo. El cuerpo de docentes estaba compuesto de don Trinidad Cajina (director interino), don Pablo Hurtado, don Antonio Salaverri, don Federico Proaño, don Alberto Zelaya, don Federico Derbyshire, don Yanuario Varela, don J. D. Mayorga y don Miguel Ramírez Goyena y el teniente Ángel Prieto que impartía instrucción militar. En una crónica publicada en la Sección Editorial de la Gaceta Oficial (1885) se anota: «Tiene, es verdad, el Director eficaces colaboradores en los Profesores del Instituto, quienes se empeñan, cada uno cuanto más puede, en secundar sus esfuerzos, estableciendo orden, regulari-dad y disciplina. Tuvimos el gusto de verlos reunidos en claustro, y pudimos observar la seriedad y la circunspección al mismo tiempo que la modestia de que daban muestra. No se puede hacer mención especial de ninguno, sin agraviar quizás a los demás; sin embargo, cierto es que hay entre ellos verdaderas esperanzas para el profesorado, como el señor Hurtado y el señor Zelaya, circunstancia que tal vez permite pasar sobre esa consideración, y no callar sus nombres» (pp.234-235).
Programas Escolares de Gámez, Cajina y Hurtado para los Institutos (1888)
Don Evaristo Carazo, presidente de la República durante el periodo de 1887 a 1889, reorganizó la educación primaria e intermedia que ofrecían Institutos Nacionales. Era necesario reformar los Programas Nacionales de Educación para que hubiera semejanza en el proceso de enseñanza de los Institutos Nacionales de Oriente y Occidente. Los delegados para esta tarea fueron los maestros: don J. Alberto Gámez, don Trinidad Cajina y don Pablo Hurtado. En una crónica anónima publicada en El País el miércoles 13 de junio de 1888 se explica: «Que haya uniformidad en la enseñanza de ambos planteles, y no hubiera inconveniente en lo futuro para que los alumnos de un Instituto que quisiesen recibir el grado en el otro no tropiecen con ninguna clase de dificultades» y agrega «La idea nos parece magnifica, porque efectivamente hay programas de asignaturas que difieren en mucho; por ejemplo el de Historia Universal, que en Occidente se estudia con amplitud y detenimiento; el de Topografía, Geografía Universal y otras que son muy distintas y que hay necesidad de reformar» (pp. 2-3). Ese año el Instituto disfruta notables cambios encaminados por José Mª Izaguirre con el apoyo del Gobierno entre los más notables, se anotan: Clase de Gimnasia y Piano dirigido por los maestros E. Castaño y Alberto Albites, destrezas necesarias en el proceso educativo y que en esta época la asignación a maestros para que desarrollen estas asignaturas representa un anticipo en los procesos educativos. Aquellos Programas Escolares serían el último esfuerzo que realizaría el profesor J. Alberto Gámez al desarrollo de la educación en Nicaragua. Su separación del puesto en las cátedras de Física y Química fue una pérdida significativa. «Sentimos la separación del señor Gámez —se anotó en una crónica firmada por el Nuevo Corresponsal (1888)— porque en el puesto que ocupa es difícil de reponerlo; y deseámosle feliz viaje, y hacemos votos porque las dolencias de su señor padre no tengan fatal desenlace» (p.2).
Congreso Pedagógico Centroamericano (1893)
El presidente de la República, general José Santos Zelaya, y el ministro de Instrucción Pública, Madriz, comunican que el Cuerpo Docente de Nicaragua ha sido invitado para participar en el Congreso Pedagógico Centroamericano que se realizaría en Guatemala desde el 1 hasta el 25 de diciembre de 1893. Los delegados de Nicaragua fueron el licenciado José María Izaguirre y don Miguel Ramírez Goyena. Para rememorar aquel evento se publicó la Memoria del Congreso, tarea realizada, en primera instancia, por el doctor Santos Toruño, director del Instituto Nacional Central, pero lamentablemente la edición fue reducida a cenizas por un incendio la noche del 29 de marzo de 1894. Reunidos los pocos materiales por don Darío González se publicó la segunda edición con el título Primer Congreso Pedagógico Centroamericano y Primera Exposición Escolar Nacional instala-dos en la ciudad de Guatemala en diciembre de 1893 (Guatemala, 1894, Tipografía y Encuadernación Nacional).
Los temas del Congreso Pedagógico Centroamericano se publicaron en la Gaceta Oficial el sábado 2 de diciembre de 1893; y en la Memoria solamente se publicó «Escuelas nocturnas de adultos» trabajo de la comisión formada por don José María Izaguirre, presidente de la mesa y delegado de Nicaragua, don Juan F. Ferraz y el Lic. Alberto Membreño. En las conclusiones sobre este tema afirman: «La creación de Escuelas Nocturnas es una necesidad social y deben los Gobiernos establecerlas en sus respectivas Repúblicas en el número que sea necesario y posible como un acto de justicia hacia la clase obrera y de conveniencia nacional». Se desconoce el aporte del profesor Miguel Ramírez Goyena.
Para llevar a efecto los acuerdos tomados en el Congreso, don R. Mayorga Rivas, en nombre del Ministerio de Instrucción Pública envió una circular el 14 de abril de 1894, a los señores educadores: don Pablo Hurtado, don Antonio Salaverry, don Eugenio López, don Francisco Castro, don Francisco Zamora, Dr. Francisco J. Medina, Dr. José María Izaguirre, don. J. Alberto Gámez, don J. D. Navarro, Dr. Manuel Coronel Matus, don Ricardo Contreras, Lic. Santiago Ordozgoiti, Lic. Silviano Matamoros y don Trinidad Cajina. El motivo es dar cumplimiento al Congreso Pedagógico de Guatemala donde participaron representantes de todo el Istmo. Para tal fin se realizaría una Conferencia del 23 al 26 de abril del corriente. Además, se anota que estos cambios deben estar encaminados a la reorganización de la enseñanza nicaragüense y «en todo lo posible se compenetre nuestra enseñanza con la de los pueblos hermanos» de Centroamérica.
El Gobierno de José Santos Zelaya, conociendo los aportes educativos de don Pablo Hurtado y los educadores, antes citados, les convoca para unificar los criterios y buscar rutas alternativas para desarrollar la región.
Segundo Colegio de Granada (1893)
Producto de la Revolución Liberal los Institutos Nacionales no pudieron abrir los establecimientos. Entonces a iniciativa de una Junta de Padres de Familia quienes pagaron la instalación del mobiliario, gabinete de Física y de Química, globos, mapas y cartas murales de Historia Natural, el profesor Pablo Hurtado fundó el primero de julio de 1893 el Colegio de Granada en el antiguo local del Instituto Nacional de Oriente. Este sería el segundo Colegio de Granada en su tipología. El informe que su fundador hiciere al ministro de Instrucción Pública señala que el «22 de septiembre, el Supremo Gobierno acordó darme en usufructo, además del local, el mobiliario y material de enseñanza del Instituto Nacional de Oriente, y una subvención de trescientos pesos mensuales; mediante compromiso, de mi parte, de establecer todas las clases de Primaria y Secundaria, que comprende el Bachillerato en Ciencias y Letras, y de dar enseñanza a 40 alumnos externos que el Gobierno destina a la carrera del Magisterio» (Hurtado, 1894, pp. 4-5). El claustro docente estaba compuesto por Pablo Hurtado, director; J. Trinidad Cajina, secretario, Antonio Salaverri, Anselmo H. Rivas, Francisco Alfaro, José León Quezada, Juan López, Antonio Barberena; y los inspectores: Marcelino Morales y Ceferino Corea.
En una nota anónima intitulada «Colegio de Granada» en El Diarito el 4 de julio de 1893, seña-la: «En el antiguo local del Instituto Nacional de Oriente, se abrió ayer el nuevo Colegio de Granada a cuyo frente están reputados profesores don Pablo Hurtado y don Trinidad Cajina. Asegúrese que también colaboran los señores don Antonio Salaverri, don Alberto Gámez y don Francisco Alfaro y otros de reconocidas aptitudes para el magisterio» (p.4).
El 19 de julio de 1897, don Pablo Hurtado, le envía al Inspector General de Instrucción Pública un informe sobre la organización de la enseñanza primaria y el régimen disciplinario. Se reconoce que el Estado está invirtiendo en algunos estudiantes para que puedan ejercer la docencia en las Escuelas Públicas. El personal académico para ese año lectivo estaba estructurado así: personal administrativo: Pablo Hurtado, director; Marcelino Morales, subdirector y secretario; personal docente: Antonio Salaverri, Camilo Barberena, Francisco Alfaro, Porfirio Rocha, José Zelaya, Luis F. Huete, Juan López, W. Dillón, J. Jesús Carrión, Santos Flores, Emilio Lozano; y los inspectores: Zeferino Corea y Benjamín Cuadra. Como, se evidencia, la planta docente se ha multiplicado. El prestigio de la formación académica brindada por el profesor Hurtado y sus colegas es evidente. Pero no solamente están preocupados por el desarrollo intelectual sino en la formación humana. En el informe, antes citado, el profesor Hurtado (1897) sostienen: «Hemos procurado hacer de la enseñanza primaria que damos en este Colegio un verdadero centro de educación, dándole la índole que debe tener, es decir que [a la par de la] didáctica, dirija y discipline todas las facultades así del alma como del cuerpo: forme el corazón, mejore las costumbres, afirme el carácter, ennoblezca nuestro ser, y haga del niño un hombre útil a la sociedad y a la familia» (p.1). El método del Colegio es instructivo y práctico. Hurtado está consciente que se aprende haciendo. Con justa razón, años más tarde, el educador, expresó «A los niños de la clase infantil no se les exige nada. Se le procura enseñarles únicamente las cosas que están a su alcance por medio de las conversaciones, movimientos, cartas, juegos, etc.; de modo agradable e intuitivo para que la verdad les entre fácilmente por los ojos» (Hurtado, 1921, p.7).
Escuela Normal de Granada (1893-1897)
El quehacer de la formación de maestros significó una necesidad impostergable. Las autoridades estaban conscientes de la necesidad de formar excelentes educadores para obtener resultados. Sin embargo, en el informe de don A. H. Rivas expresa que el 8 de marzo de 1877 se autoriza establecer, por primera vez, una Escuela Normal en la capital. El decreto no surtió efectos, los recursos no eran suficientes. Desde entonces se contrató al Colegio de Granada y al Espíritu Santo de León para la formación de maestros. Con la nacionalización de los colegios esta función pasó a los Institutos Nacionales. Y dejaban a cargo del director la escogencia de los aptos. En una circular del 3
de mayo de 1890 que firma el señor Guerra se les orienta a los directores: «Es indispensable fijar ya los alumnos normalistas que deben quedar como internos en ese establecimiento, y eliminar aquellos que, por mala conducta, ineptitud o cualquier otro motivo, no reúnan las dotes necesarias para el magisterio que más tarde debiera desempeñar, y no sean, por tanto, merecedores de la gracia de educarse e instruirse por cuenta del estado». Para palear las dificultades de cometer un error en el nombramiento o destitución de un estudiante normalista el director debía consensuarlo con el Prefecto de su departamento y la aplicación del Reglamento de los Institutos publicado en la Gaceta Oficial el 10 de mayo de 1889.
Siete años después, en su mensaje que ofreció el presidente de la República José Santos Zelaya al Congreso Nacional lamenta que «no tenemos para el servicio escolar maestros debidamente instruidos». Y para solventar esa necesidad han creado Conferencias Pedagógicas en Managua y la creación de una Escuela Normal para Indios (Arellano, 1997, p. 65). Por otro lado, don Pablo Hurtado conociendo estas necesidades, al fundar el segundo Colegio de Granada (1893) ofrece tres tipos de formación: Primaria, Secundaria y Normal. El general Zelaya en ese momento concibe la necesidad de auspiciar la formación a 40 estudiantes.
En el curso académico de 1893-1894, producto de las guerras con Honduras y la falta de recursos para pagar la manutención permitió que algunos estudiantes normalistas se retiraran de la Escuela Normal: Rubén Castrillo, Nicanor Tacón, Santos Flores, Francisco Malespín, Bernando Quirós, Gustavo Escobar y Pantaleón Castrillo de Granada; Juan Ñamendi, Fabio Baza, Marco Julio Báez, Julio Miranda, Crescencio Morales, Francisco Cisneros y Samuel Luna, de Masaya. De los estudiantes graduados del curso «merecen especialísima mención» Marcos Vivas, Justo Pastor de la Rocha, Gilberto Ortega, Paulino Solorzano, José María Huete, Miguel Ángel Álvarez y Carlos Reyes.
En el curso de 1894-1895 don Pablo Hurtado informa que 22 estudiantes fueron inscritos en las asignaturas para desarrollar habilidades propias del magisterio: Agustín Alemán, Alberto García (se retiró), Benicio Casco, Benjamín Herrera, Carlos Bellorín, Benjamín Herrera, Carlos Reyes, Fabio Boza, Gilberto Ortega (se retiró), Guadalupe Noguera, Justo Pastor de la Rocha, José María Huete, J. Santos Flores, Leonardo Ruiz (se retiró) Manuel Ruiz, Marcos Vivas, Manuel Amador, Paulino Solórzano, Roberto Bermúdez (fue expulsado), Rubén castrillo (se retiró), Samuel Luna (se retiró) y Virgilio Morales.
En los exámenes realizados en el curso de 1896-1897 aprobaron 44 normalistas: Adrián Gómez, Alberto Vargas, Alfredo García, Benjamín Herrera, Constatino Traña, Carlos Reyes, Eulogio Castillo, Francisco Barberena, Félix P. Martínez, Fernando Robleto, Hernán Mc Nally, Inocente Gómez, Justo R. Huete, Jacinto Sevilla, José María Huete, Juan Vado, Jacobo Jaén, Juan Bermúdez, Juan Antonio Véliz, Luis Valle, Onofre Sandoval, Octavio Solorzano, Paulino Solorzano, Ricardo Walhs, Salvador Castillo Lugo, Silvestre Casco, Santo Flores, Virgilio Castillo, Eduardo Arana, Ernesto Arana, Miguel M. Ponce, Constantino Jessel, Eduardo Castillo, Fernando Castillo, Ernesto Zurita, Juan Francisco Rodríguez, Domingo Dominguez, Pilar Ortega, Manuel López, Justiniano Vargas, Fernando Herrera, Hector López, Manuel Casco y Salvador Gutiérrez. Los comisionados por el Gobierno fueron el doctor Isidoro López, don Gustavo Guzmán y don José Miguel Osorno.
El primero de julio de 1895, Hurtado informa al ministro de Instrucción Pública que el normalista José E. Marcos Vivas ha culminado los estudios de bachillerato en Ciencias y Letras, y «por sus conocimientos y acrisolada conducta, ese apreciable joven es digno de la mejor recomendación, y se encuentra en aptitud para desempeñar en la carrera del magisterio un puesto distinguido, no solo en la enseñanza primaria, sino en los cursos superiores de intermedia» (Hurtado. 1895, p. 2). Por la lectura del informe se confirma que el Bachiller tenía las mismas asignaturas del Normalista. Fue hasta el 15 de julio de 1897 que se creó el Reglamento de las Escuelas Normales en los Institutos Nacionales y el 28 de octubre de 1898 que la Escuela Normal de Preceptores aprueba un Plan de Estudios Regular y Racional.
Inspector de exámenes en el Colegio La Inmaculada (1894)
El 17 de marzo de 1894 don Pablo Hurtado informa al Ministerio de Instrucción Pública las inspecciones de los exámenes que ha realizado en el Colegio Inmaculada junto a los distinguidos señores: Gabriel Lacayo y F. Derbyshire. En este valioso informe el educador señala: «Bien puede decirse que en el Colegio La Inmaculada se enseña y se educa verdaderamente: las alumnas adquieren en el conocimiento que enriquecen la mente y ennoblecen el corazón, y las buenas maneras y el porte correcto que hacen de la mujer el encanto de la sociedad» (Hurtado, Lacayo y Derbyshire,1894, p.3).
Fundación de la Escuela de Derecho y Notariado (1895)
Don Pablo Hurtado está preocupado por presentar diferentes oportunidades a la juventud granadina, y a la falta de una Escuela de Derecho y Notariado persuade a los maestros del Colegio de Granada. El propósito es claro: que los estudiantes de Bachillerato en Ciencias y Letras puedan continuar sus estudios superiores. En aquel edificio del Colegio de Granada, el 25 de junio de 1895 levantan el Acta que enviaran al ministro de Instrucción Pública.
Don José D. Mondragón fue el encargado de llevar la solicitud a Managua el 1 de julio de 1895. El profesor Hurtado envía dos documentos al ministro de Instrucción Pública: una carta de 1 párrafo y en un pliego separado el acta, antes transcrita.
El 8 de julio de 1895, el ministro de Instrucción Pública, coronel Matus, aprueba el establecimiento que se regirá por los reglamentos y leyes de la materia. El Estado les otorga —a esta iniciativa privada, pues los alumnos debían de sufragar todos los gastos— los útiles y enseres de la Universidad de Oriente previo a un inventario que realizaría el jefe político del departamento. Este lo recibió don Pablo Hurtado.
Treinta días después de la aprobación de la Escuela de Derecho y Notariado, don Pablo Hurtado, escribe una breve carta exponiendo: «Tengo a bien informarle a usted que he fracasado en el pensamiento de fundar en este Colegio una Escuela de Derecho y Notariado. Solo se inscribieron siete alum-nos, y para tan reducido número, habría que crear los cursos desde el 1.º hasta el 5.º inclusive».
Escuela Normal Elemental para Maestros (1898)
Escuela Normal, es el título de una breve nota publicada en el Diario Oficial (19 de junio de 1898) donde se hace mención que el Gobierno otorgará dos becas completas a jóvenes que cumplan con todos los requerimientos de ley. En una Circular enviada a los jefes políticos el 6 de junio de ese año se le solicita que busquen a dos jóvenes para internarlos en dicha institución. En total serían 36 becarios. Las condiciones estaban publicadas en los artículos 3, 4 y 5 del Decreto Gubernativo de la Ley de Enseñanza Normal del 9 de junio de 1897.
El establecimiento que se hace referencia es la Escuela Normal Elemental para Maestros de Granada que el 2 de junio de 1898 don Pablo Hurtado y Manuel coronel Matus, ministro de Instrucción Pública, había autorizado fundarla a más tardar el 1 de julio de ese mismo año. El seis de junio el ministro de Instrucción le escribe al jefe Político de Granada y le envía adjunto el contrato celebrado, le explica que «la primera necesidad de la Instrucción Pública en la actualidad es la formación de maestros de enseñanza primaria y a llenarla tiende el plantel que va a fundarse por el Gobierno. Entusiasta como es Usted por el progreso del país, no dudo que le prestará todo su apoyo al nuevo Colegio en que se cifran muy gratas esperanzas por el adelanto intelectual de Nicaragua que será la base de todo adelanto». La recomendación que el ministro le dio al jefe político fue preparar el local y los materiales donde se instalará la Escuela Normal.
El 27 de agosto de ese año se notifica a través del Diario Oficial que don Pablo Hurtado renuncia a sus labores de director. Por el contenido de la nota se presume los porqués: el Jefe político no entregó los materiales para dicha labor pues se le autoriza, a don Pablo, «sacar del establecimiento el mobiliario perteneciente a su familia», y el incumplimiento del contrato, pues el Ministro le orientó al Jefe político que 36 alumnos externos deberían ser designados para la escuela primaria y 36 alumnos normalistas, cuando en el contrato se leía que deberían ser 95 alumnos para la Escuela Primaria Modelo que serviría para la práctica y los normalistas deberían ser «por ahora», sesenta.
Una renuncia (1900)
«Encontrado justas las razones expuestas por el señor don Pablo Hurtado, en que se excusa del cargo de comisionado para representar al Gobierno» se leía en una nota que mandó a publicar en el Diario Oficial (31 de enero de 1 900) el Ministerio de Relaciones Exteriores e Instrucción Pública. La tarea que no aceptó el educador era verificar los exámenes en el Colegio Cristóbal Colón de Granada los tres primeros días de febrero. En su lugar, Sánchez, ministro de Instrucción Pública, nombró al licenciado Marcos Quezada.
A manera de conclusiones
El profesor Pablo Hurtado retomó de los profesores españoles la constancia y la disciplina pedagógica. Aprovechó las necesitades que tenía la juventud para formar de ellos una generación de letras y ciencias. Sirvió a los gobiernos conservadores y a los liberales. Las fundaciones de la Escuela de Derecho y Notariado (1895) y Escuela Normal Elemental para Maestros (1898) fueron proyectos
de vida efímera, pero así conocemos sus inquietudes y visión de progreso. Emprendió una revolución pedagógica en los salones de educación primaria, secundaria y normal. Su vida es un fiel testimonio que marcó la pedagogía nicaragüense en el Siglo XIX.
Referencias Bibliográficas
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