Abel Horacio García Calero en la literatura
Cita esta entrada así:
Zosa-Cano, A. (2025). Abel Horacio García Calero. Revista Albores Caipell. https://revistaalborescaipell.com/abel-horacio-garcia-calero-en-la-literatura/
Datos de publicación (revista completa):
Publicación: Boletín Zarapito Trinador
Año de publicación: 2022
Número | volumen: 2 | 1
Link de visualización: https://revistaalborescaipell.com/boletin-zarapito-trinador/
Cita: Zosa-Cano, A. (2022). Abel Horacio García Calero en la literatura. Boletín Zarapito Trinador, 2(1), 3-5. https://www.calameo.com/read/006684502b817a7f94734
Alexander Zosa-Cano
Miembro Correspondiente
Academia de Geografía e Historia de Nicaragua
Nota preliminar
Don Abel Horacio García Calero (El Naranjito, Juigalpa, 2 de septiembre de 1937). Es carpintero por herencia y poeta por profesión; fabulista clásico y narrador inédito. Miembro Efectivo del Clan Intelectual de Chontales (2000), institución que une lazos de identidad y localismo. Ha sido distinguido con diferentes preseas: Medalla Honor al Mérito (UNAN-Managua, 2011), Orden al Mérito Cultural Eduardo Avilés Ramírez (Grado Comendador, 2019) y Medalla al Mérito Clan Intelectual de Chontales (Electo,2021). Actualmente se edita el libro Abel Horacio García Calero en la literatura chontaleña (Fondo Editorial Letras Chontaleña, 2021, pp.120) donde se compila el quehacer literario del poeta García y su influencia en las artes del pueblo chontaleño.
Es autor de cuatro poemarios: Rara herencia (1979), Encuentro con la tarde (1997), Poesía perpetua en odres viejos (PAVSA, 2015, pp. 217) y Lágrimas del alma (inédito), todos marcados por la virtud del razonamiento, frutos de la visión de hombre comprometido consigo y el mundo bucólico que le ha correspondido hacerse dueño; capacidad creadora de dimensión filosófica y, por qué no, de profundas raíces campesinas. Todo lo anterior marcado por la reflexión amorosa. También tiene en su carcaj un libro pedagógico (sin ser maestro de profesión, pero de intrínseca experiencia de la cotidianeidad): Fábulas (IMPRIMATUR, 2004, pp. 109). En esta obra es influenciado por las lecturas de Samaniego, Bécquer y Campoamor.
Nacimiento y su formación literaria
Don Abel Horacio es hijo del carpintero Juan Manuel García Acevedo y de doña Ángela María Calero Montiel. De pequeño asistió a la escuela comunitaria en El Naranjito que dirigía doña María Mena de Morales. Allí aprendió a leer y escribir, y desarrolló habilidades para resolver operaciones básicas de algebra. No esperando que el tiempo transcurriera en vano se dedicó a los oficios propios del campo. En aquellos años mozos desarrolló una de las habilidades que le darían el pan nuestro de cada día: la carpintería, oficio que aprendió muy bien de su padre. Desde entonces hizo verdadera poesía, la poesía abstracta se convirtió en la poesía concreta. Y dio belleza al cedro y la caoba; al pochote y al laurel; a la acacia y al roble. Tiempo de trabajo sosegado. ¡Calma que da paciencia, paciencia principio del amor! Tiempo que el aserrín se profundiza y se hace vida entre las cavidades pulmonares. Siendo él parte de la obra y la obra parte de él. Tiempo de sueños y fatigas del amor.
Su fijación a las letras tuvo su génesis en el hogar nutricio. Alejado del mundanal ruido de la ciudad. Allí al pie del fogón o descansando con el abrazo de la sombra de los altos jenízaros aprendió la pasión por las letras tomado de la mano de Amado Nervo, Octavio Paz, Gabriel García Márquez, Pablo Neruda, Zorrilla de San Martín, Miguel de Cervantes, José Hernández, Juan de Dios Peza, Antonio Plaza Llamas; y de los nicaragüenses: Rubén Darío, Pablo Antonio Cuadra, Guillermo Rothschuh Tablada, Omar Josué Lazo, Octavio Robleto y Carlos A. Bravo. Un cúmulo de lecturas y aprendizajes; vivencias cargadas de experiencias. Sin duda, García Calero, vive como los poetas grecolatinos: romántico o ecológico. Vive en contacto con la naturaleza: con la tierra y el mundo. Hombre comprometido con la verdadera experiencia de la auto-formación como constante de vida. Su pensamiento hecho palabra es el testimonio de su vivir.
Su obra poética
Su primer libro Rara herencia (Juigalpa: sin editorial, 1979, p.78) fueron solamente 200 ejemplares. Lo que significa que es una edición de mucho valor para los bibliófilos de la región. En esa obra de «poesía sencilla, sin métrica, con rima y sobre todo prístina, despreocupada de los estilos y celosa del sentimiento» se encuentra la fortuna de encontrarnos con la visión joven y en fraternidad con muchas influencias literarias. Es el libro amado del autor. ¡Hijo pródigo! ¡Prodigio de justicias! ¡Meher Licht!, como decía Wolfgang von Goethe. La nota que su autor utilizó a manera de prólogo la escribió el poeta revolucionario Amed Campos Correa autor de Les prometo no morirme (Editorial Nueva Nicaragua, 1983, pp.99) quien confiesa que para leer a don Abel Horacio García Calero hay que «librarse de las escuelas e ismos y de la ciudad y aún de la poesía misma […] porque tus poemas brotan de la cotidianeidad».

Durante dieciocho años su vida la refugia en el campo. Cuántas puestas de sol, cuantos cenzontles y canarios ofrecieron su concierto al poeta. Tiempo que utilizó para presentarnos con el título sugerente Encuentro con la tarde (1997). 500 ejemplares fue su impresión. El editor de aquella obra fue el profesor Omar J. Lazo. La obra es un cántico a los atardeceres, a los mitos hechos
Su obra poética
Su primer libro Rara herencia (Juigalpa: sin editorial, 1979, p.78) fueron solamente 200 ejemplares. Lo que significa que es una edición de mucho valor para los bibliófilos de la región. En esa obra de «poesía sencilla, sin métrica, con rima y sobre todo prístina, despreocupada de los estilos y celosa del sentimiento» se encuentra la fortuna de encontrarnos con la visión joven y en fraternidad con muchas influencias literarias. Es el libro amado del autor. ¡Hijo pródigo! ¡Prodigio de justicias! ¡Meher Licht!, como decía Wolfgang von Goethe. La nota que su autor utilizó a manera de prólogo la escribió el poeta revolucionario Amed Campos Correa autor de Les prometo no morirme (Editorial Nueva Nicaragua, 1983, pp.99) quien confiesa que para leer a don Abel Horacio García Calero hay que «librarse de las escuelas e ismos y de la ciudad y aún de la poesía misma […] porque tus poemas brotan de la cotidianeidad».

Durante dieciocho años su vida la refugia en el campo. Cuántas puestas de sol, cuantos cenzontles y canarios ofrecieron su concierto al poeta. Tiempo que utilizó para presentarnos con el título sugerente Encuentro con la tarde (1997). 500 ejemplares fue su impresión. El editor de aquella obra fue el profesor Omar J. Lazo. La obra es un cántico a los atardeceres, a los mitos hechos poesía. Un himno de un campesino al natural sentimiento de libertad. Su bandera son las vivencias hechas metáforas. Bien lo dijo don José Orente Bellanger Mejía: Abel es un «Poeta provinciano … que, por el hecho de vivir [entre la campiña, sus registros poéticos] incrustados en la memoria, lastiman cuando las tratamos de enarbolar frente al papel donde plasmamos las vivencias». Largo es el camino del campesino. Largo es el camino de la soledad.
Su tercera obra fue Fábulas (2004), compilación de 108 registros literarios que abordan diferentes temáticas. Los aspectos propios de la vida campestre vuelven a la obra literaria de fábulas único en la literatura nicaragüense. Y no solamente por el hecho que el escritor sea el pionero en la materia sino por el uso de las técnicas clásicas. Inspirado por sus lecturas recurrentes en el mundo latino se forma literariamente con originalidad. En sus sentires sobre la defensa del medio ambiente, el autor de estas Fábulas, evoca el apotegma: «Es el hombre el animal, único en su gran locura, que cava su sepultura labrando su propio mal». Una defensa al Roble, pobre roble hecho leña, pobre roble hecho cruz. La obra contiene anotaciones del profesor Omar J. Lazo Barberena. Ahí el historiador hace un recorrido por las fábulas y sus creadores hasta llegar a la actualidad ubicando a don Abel Horacio García Calero, en el pedestal privilegiado de los narradores nicaragüenses.
Ya en su última obra, me refiero a Poesía perpetua en odres viejos (2015) podemos encontrar la poesía romántica. Versos que permanecen en el tiempo. Poesía perpetua en odres viejos, viene a ratificar la imagen del noble poeta carpintero, que pocas veces se manifiesta en la provincia. Sus versos son amalgama fina de un orfebre de la palabra que se encuentra consigo en cada sílaba. El poeta Abel Horacio no se ha olvidado los esquemas del pasado se enfrenta al rodeo y sale sin ofuscarse; su recompensa: un poema, una fábula, un epigrama, un ovillejo. Como un buen humanista rinde homenaje a las personalidades promotoras de la cultura en el departamento. Él es un poeta romántico por antonomasia, se evidencia en los siguientes versos: «Yo era como un polluelo huraño / y con alas cortas sentí como campanitas tus pasos en mi corazón a por fin entregarlo como ofrenda a ella» y culmina «por fin un día la encontró y la envolvió con su mirada». Los versos anteriores bien podrían leerse en el silencio de la noche, al pie del tálamo cantarse a la mujer amada, en un lenguaje venido del pueblo, por ello el pueblo le agrada y lo entiende, como sostiene don Francisco Arellano Oviedo, exdirector de la Academia Nicaragüense de la Lengua.
A manera de resumen
Por todo lo anterior, don Abel Horacio García Calero que primero aprendió a cantar y recitar, a observar el mundo que le rodea y a evocar de su alma sus memorias y sentires, debemos escucharlo y leerlo. Leerlo con pasión y fruición. No es el poeta salido de cánones repetitivos. Es una construcción de su lectura y formas de concebirse y mostrarnos su todo. Leerle es volvernos al campo donde están las raíces del pueblo chontaleño. Por ello honrarle es honrarnos en nombre de toda la región. Es mostrarle que ha cultivado sus frutos y no lo ha regado en terreno pedregoso.




